Cientos de pies cansados, varios kilómetros recorridos, y una imagen venerada por la fe y devoción de los Guadalupanos, es que acuden a adorar y recordar la aparición de la Virgen en el Tepeyac el 12 de diciembre de 1531 a Juan Diego.

En Pachuca, la iglesia de La Villita recibe a los peregrinos desde temprana hora, los barrios y colonias como el Arbolito, Cubitos, San Nicolás, entre otros grupos organizados como taxistas y colectivas se congregan para agradecer a la Virgen.

En la iglesia, hombres, mujeres y niños rezan, cantan y piden en su mayoría salud para ellos o algún familiar, suplican por la cura del cáncer, ruegan por la sanación de enfermos de diabetes, y piden la protección de aquellos que se han marchado en busca de mejores oportunidades de trabajo.

Los grupos llegan e ingresan a la Basílica Menor, escuchan la palabra emitida por el Padre Tomas Roque y agradecen con flores y cuetes la celebración de la Virgen de Guadalupe, posteriormente bendicen la imagen, el rosario, un cuadro, un manto, las veladoras, entre otros artículos que portan para recibir el agua bendita.

Termina la celebración y recorren la vendimia popular, pues cansados y hambrientos tras su recorrido, no pierden oportunidad de visitar la taquería de la esquina, o la garnachería de cuantas doñas se pueden encontrar, además el pan de feria no puede  faltar, un vaso de ponche calientito y unos buñuelos para completar.

La policía y los elementos de protección civil, van y vienen recorriendo los diferentes comercios colocados para supervisar que todo transcurra con tranquilidad, sin embargo las largas jornadas provocan que se vea a dos o tres uniformados detenidos en las chalupas, uno que pide un guajolote y otro que se apura a comer un hot dog.

Echan un ojo al de capucha que va pasando, miran a distancia un pequeño grupo que se concentra cerca de la iglesia, aunque no es más que los peregrinos saliendo y congregándose en el primer puesto de comida.

Por la mañana el flujo de personas fue menor, ya en la noche se cuentan miles de cabezas que van y vienen por la zona de comercios, otros grupos que entran a orar y venerar su fe por una hora se marchan pronto a casa para reconfortarse por los pecados que se dejaron en el camino y la sanación recibida con el agua vendida o las palabras del sacerdote.

Para los guadalupanos, la fiesta apenas comienza, y este doce de diciembre, la Morenita del Tepeyac recibió sus tradicionales mañanitas en la voces de cenzontles.