Es un placer estar de vuelta en este espacio después de dos meses de ausencia. No lo resulta tanto el regresar y encontrarme que muchos de los problemas que enfrenta el sector privado en Hidalgo, en México, permanece sin cambios y los empresarios siguen esperando que el presidente Andrés Manuel López Obrador pase de los ofrecimientos a los hechos.
Es el caso de la industria del vestido, de la industria de la confección, las que en los últimos años se han visto afectadas por la crisis económica que afecta al país y que lleva a la población a considerar las prendas de vestir como suntuarias, pero que además están aquejadas, desde sexenios atrás, por la corrupción que corroe a las aduanas en México.
Una red de corrupción que permite la entrada al país de millones de toneladas de prendas de origen asiático a bajísimos precios –casi tan bajos como la calidad de las mismas-, así como la importación, ahora legal, de las famosas “pacas” de ropa de saldo y usada “americanas”, que se comercializan en tianguis y hasta locales comerciales, y son la salida para quienes con 800 pesos de sueldo semanal, apenas pueden comprar prendas de 10, 15, 50 pesos a lo mucho.
Sin embargo para esta industria en Hidalgo, la segunda en generación de empleos en la entidad, fue como una bocanada de oxígeno para quien se asfixia el que el presidente Andrés Manuel López Obrador, aceptara en días pasados que esta situación existe, y anunciara un programa enfocado tanto a fortalecer el mercado interno como a utilizar la banca de desarrollo para “otorgar créditos baratos para apoyar y fortalecer la industria textil y la del calzado.”
Pero además de preguntar ¿cuándo? ¿cuándo?, los industriales del vestido en Hidalgo, representados por González Ramírez Rasgado, se congratulan de lo expresado por el Presidente en relación a esta industria, lo que evidencia que conoce a fondo la problemática que le aqueja, lo que es importante para empezar a resolverla.
Parte de la misma son programas de la Secretaría de Economía que permiten que México funja como “país tercero en custodia de mercancía”, lo que aprovechan contrabandistas de cuello blanco para internar al país mercancía ilegal haciéndola pasar como importación temporal –para concluir aquí, por ejemplo, un proceso de producción-, para luego ser devuelta a sus países de origen, lo que es sabido, no se cumple y es una forma de introducir “legalmente” mercancía que se queda y comercializa aquí, evadiendo el pago de impuestos e inundando al mercado con prendas de bajo precio que colocan en grave desventaja a la producción nacional.
Evidenció en su conferencia matutina el Presidente conocer al detalle toda la cadena de corrupción que afecta a las industrias textil y del vestido, y a la evasión fiscal aparejada. “Entonces, es una farsa –el programa de importación temporal-; lo utilizan para meter mercancía a precios muy bajos, subvaluada, y eso le está dando -perdón por la frase coloquial- en la torre a todos los textileros nacionales.”
Reconoció el Presidente que “hay abusos en todos estos permisos, todas estas normas que se han venido creando, que han dado pie a que se den actos de corrupción, pero estamos cerrando el paso, evitando que haya corrupción.”
Acepta el mandatario que la tarea que enfrenta es monumental: “no sé si las grandes empresas y los grandes capitales vayan a permitir tantos cambios; finalmente se trastocan intereses muy importantes en el país. La comunidad judía, dueña de más del 90% de lo textil, es muy fuerte como para permitir que pierdan su autonomía. Y para corroborar mi dicho, vayan al centro, a las calles de Guatemala, Uruguay, el Salvador, Jesús María a un negocio y pidan factura; la respuesta es: si te doy tu factura más IVA, pero con remisión ( que son todos ) no te cobran IVA..! ¡Es de locos!”
Alienta a los pequeños y medianos industriales el que el Presidente sepa muy concretamente cuáles son los problemas que aquejan a esta industria y tenga la intención de corregirlos.




















