Salvador Franco Cravioto

Todo el mundo quiere vivir a expensas del Estado,
pero olvidan que el Estado vive a expensas de todo el mundo.

Frederic Bastiat

 

 

Luis XVI fue uno de los últimos y con seguridad el más conocido de los soberanos absolutistas. A él se opuso una reacción política y revolucionaria burguesa que convenció a todo el pueblo francés de levantarse en armas contra los abusos de poder ejercidos por la aristocracia y el clero. Así “el pueblo”, con la burguesía como su nueva clase dominante, exigía para sí la soberanía y los controles necesarios al poder bajo lo que hoy se conocería como régimen constitucional e imperio de la ley.

Al mismo tiempo, como ocurrió anteriormente en Inglaterra bajo la república de Cromwell, esta izquierda liberal revolucionaria era al mismo tiempo republicana. Estas ideas naturalmente llegaron de Europa a Estados Unidos y a toda América, con diferentes variantes y niveles de conocimiento, entendimiento y realización, pero en ningún momento sin oposición. A partir de entonces, la derecha del siglo XIX y al menos la primera mitad del XX se presentaría social y políticamente con la bandera del conservadurismo, sustentado principalmente en los valores del orden y la tradición, con frecuencia vinculados a la religión dominante.

Décadas más tarde en Europa y el mundo la izquierda gana terreno y al mismo tiempo se divide y enriquece con el surgimiento de las ideas colectivistas, socialistas y comunistas, que visto lo ocurrido con la Revolución Industrial tienen que ver con la economía y persiguen el ideal de un economía planificada y más justa para todos. De esta manera, el intervencionismo estatal se enfrenta a la idea liberal del libre mercado como panacea y resolución de todos los males a través de lo que el ilustre filósofo y economista escocés Adam Smith llamó “la mano invisible”.

Y mientras en el centro del espectro quedó establecido el acuerdo político de una economía mixta -con equilibrio entre libertad económica y protección de ciertos sectores estratégicos, así como políticas de redistribución de la riqueza y reconocimiento de derechos humanos de tipo social-, a la derecha e izquierda quedaron los impulsores de aquellos extremos de pensamiento que, en mayor o menor medida y moderación, preferían un modelo u otro, lo que configuró la esencia ideológica de la llamada Guerra Fría entre los Estados Unidos de América y la U.R.S.S., a la que finalmente se impuso la primera potencia de América y resultó en el advenimiento del llamado modelo neoliberal, el cual tampoco ha estado exento de resistencia y oposición con base en los nuevos modelos de izquierda socialdemócrata -también llamados de socialismo de libre mercado-, los cuales encontraron oportunidades de realización digna y sin graves contratiempos en Escandinavia y varias naciones europeas.

Continúa…