Franco H. Ixtlahuaca
“Viva nuestra virgen de Guadalupe, viva Fernando VII” es el grito con que Miguel Hidalgo da comienzo a la revuelta de 1810, a consecuencia de que en España el ejército francés avanzaba de manera triunfal y se temía la incursión de este a tierras de la Nueva España, debido a que, en la Guerra de los Siete Años, Francia les sede Luisiana a los españoles en 1762.
Lo que comenzó como una revolución por parte de criollos, teniendo como peones a indígenas, conlleva a un período de cerca de 67 años de guerra civil e intervenciones, teniendo como principales participantes a varios personajes conocidos por todo aquel mexicano que cursara la educación primaria o asistente a un desfile del 16 de septiembre. Se marca un periodo de 67 años ya que se toma como referente el inicio de la revuelta en 1810 finalizando con la llegada del Gral. Porfirio Díaz en 1877 al poder, donde México toma un breve descanso de guerras para iniciar un nuevo ciclo, pero eso se abordará en otra columna.
Durante este lapso se podría determinar que la “independencia” no termina en 1821 como lo marcan los libros de educación pública en México, los verdaderos indicios de buscar una autonomía como tal se da hasta 1855 cuando se proclaman las Leyes de Reforma en el período de Juan Álvarez continuando con Ignacio Comonfort y finalizando con Benito Juárez en 1863, dando pie con estas reformas a la laicidad del Estado mexicano.
Pero ¿Realmente ya estábamos en transición a ser un país independiente?, como se menciona a grandes rasgos en el primer párrafo, América, estaba bajo el dominio de tres imperios: inglés, francés y español. Para 1776 se gestaba la independencia de las trece colonias y el nacimiento de una nueva nación, los Estados Unidos de Norteamérica (EE. UU.), quienes a base de diferentes métodos se van haciendo de lo que hoy es su territorio y para 1823 proclamarían la Doctrina Monroe la cual “velaba” por el bien de toda América, desde el norte hasta el sur.
Una de la manera en que los EE. UU. “velaba” por el bien del continente era mediante sus embajadores, los cuales jugaban papeles determinantes para las decisiones de cada país, pero sobre todo en nuestra nación debido a la cercanía con ellos, desde entonces pasamos de una dependencia española a una americana.
Esta línea de dependencia ha quedado marcada durante décadas hasta la actualidad en varios rubros, haciéndose más presente en estos últimos años, que a pesar de los discursos dados por el presidente en turno, los cuales en lugar de alentar una emancipación del país vecino dan señales de una codependencia; por ejemplo, presume el incremento histórico de remesas, lo cual para unos puede sonar alentador, pero para los especialistas, da señales sobre una falta de empleo y el incremento de la migración de mexicanos por el sueño americano, en búsqueda de algo que no pueden encontrar aquí; de igual manera presume de una estabilidad económica la cual se debe de analizar de manera cuidadosa debido a lo entrelazada que se encuentra con la de EE. UU., el cual dicta las variantes a seguir y el acatamiento de estas por parte de nuestro país.
A manera de conclusión se puede determinar que lamentablemente no hemos dejado de depender de terceros a niveles macroeconómicos, dogmáticos y alimenticios. Debemos de analizar la historia para poder entender el posicionamiento en el que nos encontramos y hacia donde vamos; pero sobre todo dudar sobre lo que se nos menciona en los medios de información e investigar para salir de estas dudas y responder la pregunta, ¿Somos independientes?
Correo: franco.hdez@gmail.com





















