“¡Paguen! ¡Den la cara!” Es el grito desesperado del pueblo peruano ante el terrible derrame de unos 6000 barriles de petróleo que dejó en sus costas el buque carguero italiano Mare Doricum al descargar combustible en La refinería La Pampilla, propiedad de Repsol, el pasado 15 de enero.
Cientos de hectáreas de playa y mar están cubiertas de petróleo causando un daño inmenso a las especies marinas que habitan el lugar, así como a miles de pobladores que viven de la pesca y el turismo en esa región. Se calcula un daño estimado en pérdidas, solo por turismo, de 52 millones de dólares.
Y apenas el pasado miércoles la Dirección General de Capitanías y Guardacostas del Perú dio a conocer un segundo derrame, que agudiza la situación, ya de por sí complicada, de los habitantes del lugar.
Existen, al menos, tres áreas naturales protegidas, que ahorita están terriblemente contaminadas. Innumerables colonias de pingüinos, nutrias, pelícanos y peces sufren las consecuencias del derrame; literalmente los mata, por la toxicidad del petróleo.
Antonio Brufau, presidente de Repsol se ha mantenido en silencio hasta el momento. Mientras él bebe una copa de vino en Madrid, cientos o tal vez miles de trabajadores peruanos trabajan incansablemente retirando lo que pueden del inmenso derrame.
¿Qué autoridad, a nivel global, podrá meter en cintura a estas empresas, al ocasionar daños irreversibles, no solo al Perú, sino al planeta entero? Ahora se sabe que Repsol ni siquiera contaba con un plan de contingencia para hacer frente a una catástrofe como esta.
No quitemos la vista sobre este problema en Perú. ¿Acaso han visto alguna nota o reportaje en televisión donde se denuncie esto? Tal vez en algún pequeño segmento se ha hecho, pero prefieren mantenerlo fuera del ojo público.
Y no olvidemos que aquí en México está la brasileña Odebrecht, inmersa en escándalos de corrupción por todo el mundo. Al menos, en 12 países, se sabe que entregaron sobornos a presidentes, expresidentes y altos funcionarios públicos, a fin de verse favorecidos en licitaciones de multimillonarios negocios.
El nombre de la empresa adquirió rápida – y merecidamente, una conexión inmediata a corrupción y soborno, de ahí que en diciembre de 2020 cambió su nombre a Novonor, pero, como dice un representante de la empresa: “El pasado no se borra.”
Todavía hoy tenemos políticos en México que rechazan la Reforma Eléctrica que propone AMLO para subsanar el daño al patrimonio nacional ocasionado por los contratos ilegales y ventajosos que obtuvo Odebrecht en el período neoliberal.
Y también tenemos a la española Iberdrola, a quien los gobiernos neoliberales le dejaron meter las manos en la industria eléctrica mexicana; hoy tiene de rodillas a los propios españoles con incrementos desorbitados en el costo de la energía eléctrica.
El asunto del Perú es muy grave, nuestra simpatía y empatía para ellos. Si cada uno de nosotros ayuda a dar a conocer el desastre ocasionado por Repsol estaríamos ayudando en mucho. Yo pongo mi granito de arena con esta columna y evitando consumir gasolinas y productos de su marca.
Son muy importantes sus opiniones y comentarios en el chat de Telegram.

Twitter: @tuzo_raul
Telegram: https://t.me/HistoriasDeLoCotidiano