Revocar significa dejar sin efecto una concesión, un mandato o una resolución.
En materia de revocación de mandato del titular de la Presidencia de la República, nos debemos referir a la Ley reglamentaria de la fracción IX del artículo 35 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Ahí nos específica la manera en que la sociedad puede solicitar la aplicación de este recurso jurídico.
Pues el pasado domingo 10 de abril en nuestro país se realizó el tan fomentado proceso de votación para la revocación de mandato.
Si bien es cierto que este recurso existe en nuestra Constitución Política desde hace varios años, es muy cierto también, que lo habitual de nosotros como ciudadanos mexicanos es que, una vez que elegimos a alguien, esa persona se dedique a cumplir de la mejor manera posible con las responsabilidades para la que fue electo.
Entonces, ¿cuál es la razón para ir contra la costumbre, y especialmente contra la ley?
Dice el refrán popular: no hagas cosas malas que parezcan buenas, ni buenas que parezcan malas.Nuestro presidente se tomó muchos meses en estimular, incluso provocar, este acontecimiento de la revocación de mandato. Se esforzó a grado tal que, ordenó a los militantes de su partido (literalmente suyo de su propiedad, porque ahí él quien manda) a que se obtuvieran las firmas de sus simpatizantes e iniciaran el proceso.
Esta herramienta jurídica existe también en otros 23 países de Europa, América, Asia Oceanía y África, como, por ejemplo Argentina, Bolivia, Canadá, Colombia, Venezuela, Alemania, Letonia, Reino Unido, Filipinas, India, Japón, Taiwán, Etiopía y Nigeria.
Existen dos formas de realizarse, de manera directa o indirecta. Se considera directa cuando lo promueve el electorado por medio de la recolección de firmas. Y, es indirecto o mejor conocido como mixto, cuando se inicia por una autoridad del gobierno, parlamento o el propio presidente (https://www.forbes.com.mx/en-23-paises-existe-la-revocacion-de-mandato-hoy-debuta-en-mexico/).
El antecedente cercano, de la revocación de mandato, en América Latina, lo observamos en el año 2004, siendo presidente de Venezuela el Sr. Hugo Chávez (Hugo Rafael Chávez Frías, militar de alto rango y político) que ocupó la presidencia de su país desde 1999 hasta su muerte en el año 2013. Esta decisión, prácticamente fue inventada por él en su país, y le hizo ser su presidente durante 14 años, hasta que perdió la vida por una afectación de cáncer.
En Bolivia, el Sr. Evo Morales (Juan Evo Morales Ayma, sindicalista, activista indígena, político), ocupó la presidencia de su país, desde el 22 de enero del 2006 hasta el 10 de noviembre del 2019. También utilizó el mismo mecanismo, para efectos de su reelección.
Los resultados que brindó la consulta el pasado 10 de abril en favor de nuestro presidente fueron, en cifras redondas, de 15 millones en México y 6 millones en el extranjero. 21 millones en total.
Debemos estar tranquilos, pues nuestro presidente seguirá en su cargo y continuará ejecutando los planes de gobierno que tiene para nuestro amado país.
En las etapas que fuimos observando, fuimos testigos también, de la ilegalidad en el comportamiento de funcionarios de alto nivel en el gobierno, como el secretario de Gobernación, la jefa de Gobierno de la CDMX, el mismo jefe de la Guardia Nacional y por supuesto, encabezados por el mismo presidente en persona.
Cuando fueron oposición, por menos que eso, expresaban las más airadas y enérgicas protestas, en la que no faltaba la especialidad de la casa: las marchas y tomas de avenidas y calles para generar grandes conflictos citadinos.
Hoy son gobierno, y su comportamiento deja mucho que desear, por la carga enorme de falsedad e hipocresía. Con estos atributos, en verdad, no son iguales que sus antecesores, todo indica que salieron refinados en sus habilidades de falsedad y la ausencia de seriedad como representantes de gobierno, que lo deben de ser de todos los mexicanos, no solo de los militantes de su partido.
Nuestras instituciones merecen respeto, necesitan ser representadas con decoro, dignidad y seriedad, porque solo con eso podemos transitar en una vida, en verdad democrática, que refleje hacia la sociedad, respeto y no insultantes actitudes, al más puro estilo del priismo de los años 60’s o 70’s.
Se ha expresado la voluntad ciudadana. La gran mayoría del padrón electoral, no salió a votar. Lo deseable es que, de este ejercicio, surjan cosas buenas. Lo menos deseable, es escuchar la constante agresión y descalificación de las instituciones, con la justificación de estar al servicio de intereses diferentes a los del gobierno en turno, sin acreditar ninguna de las aseveraciones.
Todo en la vida tiene límites. Hasta la autoridad gubernamental tiene los suyos y se los marca la ley. Sin embargo, cuando los que juran respetar y guardar la ley, son los primeros en incumplirla, entonces vamos, al parecer de los hechos, al salvajismo político, antidemocrático y destructivo de toda sociedad.
Por cierto: la expresión de nuestro presidente “No me vengan a mí, con el cuento de que la ley es la ley”, es en suma preocupante, pues nos advierte, que no habrá qué o quien pueda detener este movimiento, ante el solo hecho de ganar elecciones.
Se han presentado claramente como son. Una especie de cofradía de políticos sin respeto por la ley, y lo que ella representa. ¿Es eso lo que deseamos para nuestro país?
Ciudadano, con amabilidad le invito a reflexionar su voto en los futuros procesos de elección, en su municipio o estado.
Le envío mi cordial saludo.





















