El pasado domingo 24 de abril las ideas políticas que se ubican en la derecha del espectro político tuvieron dos derrotas. Una, ampliamente reportada, el fallido intento de Marie Le Pen por alcanzar la presidencia de Francia, donde seguirá gobernando Emmanuel Macron, y la segunda, la pérdida del gobierno de Eslovenia por quien era su primer ministro, Janez Janša.
Ambos resultados no significan algún tipo de viraje, el fin de una era, ni algo parecido, pero sí que el electorado de dos países europeos no quiso dar un paso hacia las ideas radicales, y algunas cuestionables, que significan los dos perdedores.
En nuestro país Janša es muy poco conocido, como su país, que apenas cumple 31 años de existencia independiente, pues se separó de la desaparecida Yugoslavia en 1991, en el marco del proceso que desmembró a esa nación famosa por su gobernante de años, el mariscal Tito.
Eslovenia sí es parte de la Unión Europea (UE) y también de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), a las cuales ingresó en la expansión de ambas organizaciones hacia el oriente europeo tras la desaparición de la Unión Soviética, y que está en los antecedentes de la invasión de Rusia a Ucrania, país este que no forma parte de ninguna de esas organizaciones, pero buscaba hacerlo antes de la invasión rusa y luego de esta ha aumentado su demanda de hacerlo.
Janša tiene el perfil típico populista, que incluye acciones provocadoras. Un ejemplo fue en octubre del año pasado, cuando aprovechando la visita de miembros del Parlamento Europeo, acusó a sus miembros de estar a las órdenes del financiero multimillonario George Soros, lo que generó una respuesta fuerte que lo obligó a borrar el tuit en que había escrito la acusación.
El saliente primer ministro retomaba así una postura más común de lo que se cree hacia la UE, básicamente que sus normas violan la soberanía de cada uno de sus miembros, cuando al ingresar a esa entidad, en efecto se aceptó cierta cesión de la soberanía nacional.
Otro ejemplo del estilo de gobernar del primer ministro derrotado fue el corte de fondos a la agencia de noticias estatal eslovena, lo que llevó a la renuncia de su titular, y que se sumó a intentos de que en general los medios de esa nación, siguieran y reprodujeran la perspectiva gubernamental.
El gobierno de Janša defendió su política con el argumento de que apoyar e impulsar financieramente a medios que difundieran la perspectiva gubernamental, era para lograr el equilibrio ante la prensa crítica, un argumento con pocos fundamentos.
Eslovenia, integrante hasta hace 31 años de una nación comunista desintegrada por la ola que también tuvo el mismo efecto en la Unión Soviética, no pudo dejar de ver la invasión rusa a Ucrania con preocupación, un estado de ánimo que se percibe en muchos países del oriente europeo.
Rusia, con más fuerza, también se hizo presente en Francia, donde el único debate entre los dos aspirantes presidenciales en la segunda y definitiva ronda electoral, se inclinó hacia Macron cuando este recordó a la señora Le Pen sus cercanos nexos con Moscú, lo que parece fue un factor de peso para llevarla a la derrota.
Y mientras el viacrucis de la población civil ucraniana sigue sin ver la estación final.
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