Por: Griselda Lira “La Tirana”
Un curado sabor a galleta en la pulquería Mocotitlán.
Aquí no es cantina pero salen pedos.
Anónimo.
Con embriagante desmesura cual prosa vulgar de Bocaccio, al estridente acorde del mariachi y los guachos en la esquina agarrados de sus cachos, me hace pensar solo en ti y en tu acocote violento, igualado bastardo hijo del apodado Chinicuil; me lleno el buche con un curado porque quiero hablarte así, embriagada, rapidito, qué más da, sírvanme otro poquito, me quiero quedar aquí; piropo y albur para irreverente es tropo exquisito de inteligente, la jugada maestra en el villar.
Ante mis gritos de herida, enamorada y loca, la bailarina escuálida se acerca para ofrecerme su ternura, “te estás pasando, niña”, a lo que yo le contesto, “si me ves perdida en este lugar es porque deseo vivir, mejor consígueme un eunuco para que se venga a cantar el sole mío y la cumbia del tinacal con su labio leporino”. Ella responde jariosa “¡cuánta crueldad señora, la leche de ese hombre no es para su elegante galleta y su afamado glamur!”
– Leche encarecida y agria para los flanes de llamas turbadas la aguada. Gritan los fisgones de la mesa de atrás.
En la pared hay un fresco, los teporochos consuetudinarios dicen que es la vedette Wanda Seux, pero un artista ebrio me explica que en realidad es la diosa Venus y que esta pulquería era antiguamente, el cuarto de la hija del dueño de la hacienda pulquera, un italiano que perdió todo durante la Revolución mexicana y se fue de regreso a Napoles, lo único que prevaleció fue este edificio. Bajo las piernas de la diosa Venus, hay un pequeño dibujo del dios Priapo pesando un miembro sobre una balanza, al lado una inscripción del supuesto autor Sebino Sobretti y después se quedó tieso.
El mariachi hace silencio mientras un danzón se escucha en el cómico intermezzo, me pregunto, qué hace mi largueza intelectual en esta soez torta de requesón y enchiladas de Zacatecas, pulquería de esquina para obreros, campesinos, albañiles, la clase cementera y trabajadora que sale de la línea de producción buscando la libertad y la evasión. Se lucra con su cultura y se les arrebata la identidad, son los olvidados quienes sostienen la gran tradición del Mocotitlán, ahijado del Tenochtitlán.




















