Por: Alfonso Padilla Vivanco

En el año 1610, Galileo Galilei publicó Sidereus Nuncius, obra escrita en latín que significa: el mensajero de las estrellas o también conocido como el mensajero Sideral. Este fue un gran libro para su tiempo, porque presentaba tres de sus más grandes descubrimientos astronómicos. En el primero describía la superficie de la Luna, con sus montañas, llanuras y características circulares. En el segundo se ocupaba de las estrellas y finalmente, en la tercera narración, se comentaba sobre los satélites del planeta Júpiter. Previamente, en el año 1609, Galileo estaba trazando un mapa de la superficie lunar, de la cara observable desde tierra. Por lo que, usando su limitado telescopio, Galilei pudo realizar ocho cuidadosos dibujos de nuestro satélite natural, donde mostraba detalles desconocidos hasta ese entonces, como son los enormes cráteres.

La versión más popular de la formación de la Luna es que hace aproximadamente 4.5 billones de años un enorme objeto golpeó La Tierra, lanzando material al espacio, que provisionalmente quedó girando en la órbita de nuestro planeta. Estos pedazos que orbitaban se golpeaban constantemente entre ellos y se fueron fusionando hasta formar un solo cuerpo suficientemente frío en su superficie, que terminó siendo nuestro satélite. También se cree que hace unos 500 millones de años, después de su formación, la Luna y todos los cuerpos del sistema solar fueron bombardeados por pedazos de escombros espaciales surgidos de cometas y objetos estelares diversos, provenientes de los confines del espacio. Las huellas causadas por estos impactos se observan aún en la superficie lunar. Con el paso de los años, los científicos han ido dando nombre a los cráteres más brillantes y visibles de la parte norte como el Copernicus y el Aristarchus. En la parte sur, aparece también el espectacular cráter conocido como Tycho.

Muchos han sido los nombres usados para designar los cráteres lunares, que con el desarrollo tecnológico ya han podido ser estudiados y fotografiados. Algunos de los más representativos son Archimedes, Aristillus, Plato, Aristoteles, Eudoxus, Endymion y Eratosthenes. La falta de una atmósfera es la razón por lo que la Luna ha sido tan golpeada en su superficie. A diferencia de La Tierra, eéta posee una atmósfera propia que la protege de los meteoritos. Estos últimos al tener rozamiento con la atmósfera terrestre inmediatamente se encienden perdiendo una gran cantidad de materia durante su caída, de tal forma que al llegar a la superficie terrestre muchos de ellos prácticamente ha perdido toda su masa.

Desde la Tierra se puede observar, incluso a simple vista, algunas zonas oscuras sobre la superficie lunar. Éstas son zonas conocidas hoy día como Mares (en latín: mare en singular, maria en plural). Se cree que éstos eran inicialmente cuencas que fueron hechas por grandes impactos. En la época en que aún no se había terminado de enfriar el interior de la Luna surgió lava que llenó estas cuencas, oscureciendo el interior de estas zonas. Los mares más grandes son: mare Imbrium, mare Serenitatis, mare Tranquilliatis, mare Foecunditatis, mare Crisium, mare Nubium, mare Humorum y Oceanus Procellarum. Precisamente, el 21 de julio de 1969, en la parte sur del mare Tranquilliatis, el comandante del Apolo 11, Neil Armstrong fue el primer ser humano que pisaba la superficie de la Luna.

Los habitantes que vivimos en el hemisferio norte terrestre podemos ver las fases de la Luna (en orden diferente a los habitantes del hemisferio sur), que no son más que fragmentos de la cara iluminada del disco lunar. La Luna hace un ciclo de 29.53 días, durante el cual, su porción iluminada pasa de novilunio o luna nueva, a plenilunio o luna llena. Una característica de la Luna, es que siempre vemos la misma cara de ella, eso se debe a que su movimiento de traslación alrededor de La Tierra tarda lo mismo que su movimiento de rotación sobre su propio eje.

Típicamente se considera que las fases comienzan con la luna nueva, que es cuando el disco está completamente oscurecido. Partiendo de esta posición, la parte iluminada irá apareciendo y creciendo de izquierda a derecha, hasta completar el cuarto creciente; continuará hasta estar completamente iluminada y llegará a ser luna llena. A partir de este punto intermedio, irá entonces oscureciéndose hasta llegar a cuarto menguante y oscurecerse nuevamente por completo. Finalmente, comenzará una vez más el ciclo, desde el novilunio. Un aspecto de gran trascendencia en este ciclo, es el influjo que provoca el movimiento de la luna en torno a La Tierra. Se ha demostrado que la causa de la marea alta en el mar es debido a la atracción gravitatoria que ejerce la Luna sobre nuestro planeta.

La cara oculta de la Luna estuvo escondida a la vista humana hasta que una sonda soviética la fotografió por primera vez en octubre del año cincuenta y nueve, del siglo XX. Sin duda alguna que en todas las épocas y latitudes la Luna ha sido la inspiración de mitologías, narraciones y épicas. Como aquella leyenda mexicana, del Dios Quetzalcóatl (serpiente emplumada) y el conejo. O la representación de la Diosa griega Diana protectora de la Luna. Sin embargo, el evento más sorprendente ha sido descubrir que cada año la Luna se separa de la Tierra en el orden de centímetros de su propia órbita. Esto podría cambiar la naturaleza misma de nuestro planeta.

alfonso.padilla@upt.edu.mx