Cuba y la diversidad sexual, Italia con su regreso a un pasado oscuro, y la posible retoma de un proyecto inconcluso en Brasil, son esta semana los temas candentes del acontecer mundial, sin excluir la protesta de las mujeres en Irán, el aparente rechazo social de los jóvenes rusos a la guerra en Ucrania y el día siguiente de la muerte de Isabel II en Reino Unido. Pero empecemos por los tres primeros.

Cuba actualizó su Código de Familia e ingresó a la treintena de países que reconocen el matrimonio entre personas del mismo sexo. En rigor, no se trata de un proceso nuevo, pues retoma la descriminalización de la homosexualidad de 1988 –hace 34 años- pero insuficiente pues la seguía considerando “escándalo público”.

Un estudio detallado muestra que el país caribeño a pesar de la Revolución, se había ajustado al conjunto de la cultura dominante en el resto de Hispanoamérica respecto a la diversidad sexual, pero desde 1959, ha avanzado con lentitud pero avanzando a fin de cuentas, hacia la normalización de esa diversidad. (https://cutt.ly/vVFXfnV)

La visión dominante en los medios habla de que sin la protesta social que ha vivido Cuba en los meses pasados, esta reforma no habría sido posible, y la ven como una forma oficialista de recuperar apoyo social. Inclusive el voto en contra en el referéndum a que fue sometida esa reforma, fue visto no como un rechazo a los cambios, sino como una expresión de rechazo al régimen.

Justo este martes 27 la Gaceta Oficial de la República publicó el nuevo Código de Familias, y ahora habrá que poner atención a dos caminos que se abren. Uno, el cómo la sociedad toma los cambios, comenzando por el que vaya a ser el primer matrimonio de este tipo en Cuba, y segundo cómo la inconformidad social que ahí sigue, reacciona y si en efecto reduce la presión sobre el gobierno cubano.

Mientras, en Italia, a los 45 años de edad Giorgia Meloni, presidenta del partido Hermanos de Italia, logró el pasado domingo 25 la victoria electoral que la puso en el camino para convertirse en primera ministra de Italia, en medio de temores del regreso del fascismo, el régimen político que cobijó a los gobiernos italiano y de Alemania durante la II Guerra Mundial.

Haber señalado en 1996 que Benito Mussolini –el líder histórico fascista italiano- había sido un buen político, su oposición tajante a la diversidad sexual, al aborto, a la violencia islámica, a la inmigración masiva, al gobierno de la Unión Europea, así como su visión de que hay quienes pretenden destruir la civilización europea, han sido puestos como ejemplo de su presunto fascismo y, en el mejor de los casos, de su extremismo de derecha.
Visto con desapego, ese prontuario de preferencias de Meloni en realidad sintetiza una actitud de temor ante fenómenos que vive Europa, y abriga pocas esperanzas de que pretenda enfrentarlos con políticas racionales y no derivadas de ese temor.

La aceptación de la diversidad sexual avanza no en el Viejo Continente sino en muchas partes del mundo, como se ve en el caso cubano. El aborto sigue siendo un tema pendiente sobre todo cuando se le defiende o se le rechaza, pero no se avanza en el camino de la educación sexual. Poco que decir que tiene razón ante la violencia islámica, no así cuando el Islam se identifica sin más con la violencia, y que en su posición de repulsa a la inmigración masiva, recupera prejuicios y temores pero sin opciones ante un fenómeno que seguirá mientras se mantengan las condiciones socio-económicas que lo impulsan.

Debe esperarse más a que a sus primeros discursos, a sus acciones concretas. Por ejemplo, se teme que siga el ejemplo británico de abandonar la Unión Europea, pero ante los saldos negativos que le ha acarreado esa decisión al Reino Unido, no parece probable que tome tal camino, aunque tampoco que el centro de mando de la comunidad europea, entienda que tiene que auto evaluarse y construir un camino de reforma.

En Brasil se esperan los comicios de este domingo dos de octubre con la incógnita de si Inacio Lula da Silva ganará con los votos suficientes para evitar la segunda ronda, pues los sondeos dan por descontado que el presidente Jair Bolsonaro será el perdedor.
Se espera con expectación el tercer debate electoral del jueves 29, al cual sí tiene previsto acudir Lula. Pero no debe olvidarse que tras el próximo domingo puede salir un Brasil políticamente nuevo, pues también se elegirán los 27 gobernadores, todos los diputados, los congresos locales y un tercio del Senado. (https://cutt.ly/UVFMaLQ)

Los comicios brasileños se desarrollarán con atención en el tipo de aceptación que haga Bolsonaro de los resultados, pues ya ha expresado fuerte desconfianza de las urnas y las autoridades electorales, por lo que una derrota de su candidatura que no sea aplastante podría abrir un escenario de conflicto severo. Y también se observará el voto de los fieles evangélicos, confesión que ha crecido en el país sureño y parece estar del lado presidencial.

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