La vecindad concretada en el alto número de migrantes que entran a México desde Guatemala, muchos de ese país, muchos de otras naciones latinoamericanas, como Honduras, El Salvador, Nicaragua, Haití o Venezuela, explican la importancia de la elección presidencial que se realizará en ese país este domingo 25.

Pero también el deficiente proceso en la creación de instituciones que hagan despegar en su crecimiento y desarrollo al vecino del sur, son otras razones para darle atención. Por si fuera poco, la existencia de narcotráfico y corrupción, se suman a los motivos para voltear los ojos a esos comicios, en particular por la presencia de grupos del crimen organizado mexicano.

Esa situación de ninguna manera es reciente, podemos rastrearla en el pasado tan lejos como se quiera. De forma habitual existen dos fechas para quien deseara iniciar ese rastreo: 1950, la primera, cuando la Operación Éxito impulsada por la CIA, auspició la entrada de los elementos de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional que derrocaron al entonces presidente Jacobo Arbenz.

La segunda, 1996, año en que se firmaron los acuerdos de paz entre el gobierno y la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca, la agrupación guerrillera más importante en el país en esa época, documentos que cerraron tres décadas de virtual guerra civil, pero que tuvieron poca suerte para abrir por completo una nueva era, “ya que una muy evidente impunidad y corrupción han caracterizado primordialmente al sistema de seguridad Guatemalteco desde los años 90’s”, señalaba la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), antes de su cierre forzado.

La inestabilidad en que ha vivido Guatemala mantiene los contrastes. Una situación que comparte prácticamente con toda América Latina. Según el Banco Mundial (BM), su economía es la más gran de América Central, con crecimiento promedio de 3.5 de 2010 a 2019, y casi cuatro por ciento en 2022.

Sin embargo, “las tasas de pobreza y desigualdad de Guatemala se encuentran entre las más altas de la región de América Latina y el Caribe (ALC), debido a la existencia de una numerosa población desatendida, en su mayoría rural e indígena y empleada en el sector informal.”

En ese marco, 9.3 millones de ciudadanos guatemaltecos están llamados a elegir a su presidente en una fórmula que incluye la vicepresidencia además de 160 diputados, los 20 representantes al Parlamento Centroamericano y 340 alcaldes, postulados por los 30 partidos políticos registrados.

Las encuestas previas marcan como favorita a Sandra Torres, esposa del presidente Álvaro Colom, quien gobernó de 2008 a 2011, misma que busca por tercera ocasión la posición, pues compitió y perdió en los comicios de 2015 y 2019.
Se suman Edmond Mulet, con un breve paso por la jefatura de Gabinete de Naciones Unidas de 2015 a 2016, y Zury Ríos, hija del exdictador Efraín Ríos Mont. Los tres figuran arriba en los sondeos del total de 23 candidatos presidenciales –cuatro más que en 2019-, y a los cuales se deben de agregar otros cuatro inhabilitados por la Sexta Sala del Tribunal de lo Contencioso Administrativo, entre ellos Carlos Pineda, quien iba a la cabeza de la preferencia electoral.

Si aún sirve de algo la catalogación, se diría que la considerada centro-izquierda representada por Torres enfrenta a la presunta derecha de Ríos y la supuesta centro-derecha de Mulet. (https://www.realinstitutoelcano.org/analisis/elecciones-en-guatemala-el-sistema-se-resiste-pese-al-ascenso-del-voto-de-castigo-y-anti-elite/)

Los mismos estudios de opinión marcan que ninguna de las 23 fórmulas obtendrá la mayoría este domingo 25, por lo que tendrán que esperar al 20 de agosto, fecha de la segunda vuelta, para determinar quién será el próximo presidente de Guatemala.

De salida: El viaje del secretario estadunidense de Estado, Antony Blinken a China, también importa a México, sobre todo porque puede ayudar a la estabilización de la economía global. Estabilidad fue precisamente la palabra que uso el presidente chino Xi Jinping al recibir a Blinken fuera de agenda, una señal positiva según el lenguaje diplomático. Y aunque no hubo anuncios espectaculares, sí trascendió que se acordó “explorar” el establecimiento de un grupo de trabajo sobre los precursores químicos que se usan para la elaboración de fentanilo, tema que también nos importa.

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