Con más de mil 500 años de fundada, la norteña ciudad italiana de Venecia podría hundirse a fin de este siglo y desaparecer. Se trata de un pronóstico que solo el tiempo demostrará si es fatalista o real, pero si en alguien cabe la prudencia, deben de hacerse esfuerzos para que la mano del hombre, la misma que la construyó, la salve.

Ya hace dos años esa urbe evitó la declaración de ciudad en peligro por parte de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, Ciencia y Cultura (UNESCO), gracias a la prohibición del tránsito de grandes cruceros, más de 25 mil toneladas, por la laguna donde se asienta, lo que ahora vemos, solo pospuso la amenaza de que le sea impuesta esa medida.

Es curioso que Venecia y la Ciudad de México tengan un origen similar: en una laguna, aunque luego sus historias fueron por rutas diferentes, obligadas por el hecho de que mientras la italiana se encuentra frente al mar Adriático, la capital mexicana se encuentra a dos mil 240 metros sobre el nivel del mar y a menos de 300 kilómetros de la costa del Golfo de México.

¿Por qué podría sumergirse esa ciudad italiana? A primera vista, por la combinación de la extracción de agua que la hunde –problema similar existe en la CDMX- y por el ascenso del nivel del mar, originado por el cambio climático que amenaza también a otras zonas del mundo.

Se trata de una consecuencia del calentamiento global, donde cada año se ve más lejana la meta de limitar a 1.5 grados centígrados para fin de siglo, el alza de la temperatura, respecto al promedio registrado a mediados del siglo XIX.

De hecho, se espera que ese aumento se esté dando ahora mismo, o en algún punto entre hoy y 2017, aunque no permanente, pero de hacerse permanente los daños serían de grandes proporciones.

El calentamiento global tiene consecuencias en los mares, que se expanden, pero también en el deshielo de glaciales, lo cual hace que el mar suba en las costas de todo el mundo.

Una estimación citada por la WeAreWater Foundation, señala que la pérdida de agua por el deshielo de glaciares equivale cada año a 268 millones de albercas olímpicas, una cantidad difícil de comprender, aunque más clara que la cifra original: 670 gigatoneladas de agua, de las cuales 270 corresponden a Groenlandia.

Venecia es una ciudad más de las urbes y países en riesgo inminente, una lista donde los más afectados podrían ser países con bajo nivel de desarrollo: Belice, China, Bangladesh, India, Vietnam, Indonesia, Tailandia, Filipinas, Japón, los países del Caribe así como del Pacífico Sur, por ejemplo Tonga y Fiji, océano en donde se teme que islas pequeñas simplemente desaparezcan literalmente tragadas por el mar.

Pero Venecia está amenazada por el cambio climático y por otras situaciones, como la desecación de los terrenos cercanos debido a la construcción de zonas industriales, lo que perjudica la circulación de las aguas.

En lo inmediato, la amenaza más seria viene del turismo, pues ahora recibe alrededor del doble de hace tres décadas: 25 millones de visitantes al año, con perspectivas de que llegue a 40 millones en dos años más, sin contar la baja debida al encierro por la epidemia de COVID-19.

Aunque el gobierno de esa ciudad y el de Italia han impuesto medidas, como cobro de impuestos extras a los visitantes, la UNESCO señala que son insuficientes y le han sido comunicadas de manera deficiente, por lo que de nueva cuenta advirtió que podría poner a la ciudad de los canales en su lista de Patrimonio de la Humanidad en riesgo, lo que podría suceder a mediados de septiembre en su Asamblea General en Arabia Saudita
La reflexión final es doble. Por una, como ya se dijo al principio, que la mano del hombre en su acción de transformar a la naturaleza, se ha sobrepasado, sobre todo en los últimos tres siglos, pues con el desarrollo tecnológico la transformación se ha convertido en destrucción, pero esa misma capacidad puede revertir la tendencia.

Y la segunda, si bien el turismo tiene multitud de beneficios, es hora de analizar y tomar decisiones porque al masificarse destruye. Y esto es todas partes del mundo, no solo en Venecia.

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