La devastación que causó el huracán Otis en Acapulco estaba advertida desde hace décadas. La falta de divulgación, la incredulidad, el negacionismo, el turismo de playa y la despreocupación condimentaron el desastre.

La información al respecto comenzó a difundirse desde 1957, cuando Charles D. Keeling inició su registro de dióxido de carbono, el cual mostró que se gestaba el llamado efecto invernadero, pues dicho gas producido por la actividad humana se acumula y acaba incrementando la temperatura de la Tierra.

Debieron de pasar 33 años para el Primer Informe de Evaluación del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), que dos años después contribuyó a la creación del Convenio Marco de la ONU sobre el cambio climático, que a su vez lleva en 1997 al Protocolo de Kioto, instrumento pionero para reducir los gases generadores del efecto invernadero: el ya citado dióxido de carbono y también metano, óxido nitroso, hidrofluorocarbonos, perfluorocarbonos y hexafluoruro de azufre.

Ya desde dos años antes, en 1995, el Segundo Informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático mostraba que el clima estaba cambiando a causa de la actividad humana, específicamente, la quema de combustibles fósiles.

En pactos y tratados, el siguiente que sobresale es el Acuerdo de París, de diciembre de 2015, que pretende reducir el alza de la temperatura mundial a menos de dos grados centígrados, de manera preferente a 1.5 grados, en relación a la era preindustrial. También marca que los países desarrollados deben asistir financiera y tecnológicamente a los países menos avanzados y en peligro por el cambio climático.

Pero la existencia de ese arsenal no ha logrado que la lucha contra el cambio climático y el calentamiento global, uno de sus componentes, avance como debiera. Un informe técnico sobre la implementación del Acuerdo de París conocido apenas el pasado septiembre, señala que aún son necesarios más esfuerzos en este rubro y aunque enumera avances, que los ha habido, destaca lo faltante. (https://cutt.ly/KwRixybX)

Sobre el cambio climático, el calentamiento global y los huracanes, la información tampoco es nueva. Aunque se refiere al Atlántico y el Golfo de México, un informe del Centro Mario Molina señalaba en 2017 que la temporada de huracanes de ese año no tenía precedentes, y explicaba que la intensidad de esos fenómenos ha aumentado de manera considerable por el cambio climático.

Precisaba que la mayor intensidad y la creciente velocidad de los vientos del huracán “es porque se presenta un calentamiento de la superficie de los océanos, lo que produce más humedad y aumenta la energía disponible para dichos eventos”. (https://cutt.ly/EwRivfs2)
Y los primeros análisis de los expertos señalan sobre Otis, que pasada la medianoche del miércoles 25 de octubre entró a tierra y devastó Acapulco, fue potenciado por la alta temperatura del mar.

La información tiene 66 años de acumularse, de ir advirtiendo y enriqueciendo el inventario de peligros para los países que poseen costas y se encuentran en las regiones donde se producen huracanes.

A nivel de calle, de las personas no expertas, la falta de adecuada divulgación sobre lo que significa el cambio climático ayuda a entender la carencia de medidas, pero también la oscilación entre incredulidad, escepticismo y despreocupación de que esos fenómenos estén sucediendo o “me vayan a pasar a mí”.

Pero mucho más peligrosos son el negacionismo, como el que sigue mostrando Donald Trump, que al final de su presidencia lo llevó a repudiar el Acuerdo de París, decisión revertida en enero de 2021 por el actual mandatario estadunidense Joe Biden.
Y qué decir del turismo de playa, que también genera devastación que daña a la Naturaleza, y por sus construcciones sin las adecuadas medidas de seguridad para enfrentar huracanes que aún antes del cambio climático, afectaban y seguirán afectando todo tipo de edificaciones costeras.

Todo lo anterior debe de considerarse en la reconstrucción de Acapulco y los varios municipios adyacentes también devastados, porque reconstruir con prisas sin considerar casi siete décadas de información, sería simplemente irresponsable.

j_esqueda8@hotmail.com