Christian Falcón Olguín

El 18 de julio de 1872, el Benemérito de las Américas, Benito Pablo Juárez García, moría en Palacio Nacional a causa de una angina de pecho, después de una larga agonía cardiaca, dejaba de existir aquel Presidente de México, quien en su tierra natal ejerció su profesión como un joven abogado, cuando quizás, aun no pasaba porsu cabeza la idea de llegar a convertirse en presidente de la República , pero tal vez sí la visión de convertirse en un reformador de la ley y su debida aplicación en la vida cotidiana de la época, donde los fueros eclesiásticos y militares estaban vigenten a través del abuso y sobre los derechos civiles.
Un pasaje de su vida como abogado postulante ante los juzgados y tribunales, lo plasmó en su autobiografía “Apuntes para mis hijos”, en la que narra su intervención en un conflicto entre la comunidad oaxaqueña de Tehuacán y un ministro de culto. Ahí destaca su interés de que intervenir como abogado es, desde su convicción y deseo, una debida aplicación e interpretación de la ley, anulando los abusos.
Sin embargo, la influencia del ministro religioso pesó más ante la autoridad civil y el asunto lo perdió Juárez, pero, no obstante, también fue perseguido y llevado a prisión de Miahuatlán por su insurrecta y decidida aplicación del derecho en la sierra zapoteca.
Lo anterior le queda como lección de la realidad y de la forma inequitativa de otorgar justicia a quien la razón y el derecho le ampara; sin embargo, su convicción e ideales le llevaron a seguir su labor jurista de reformar la ley y buscar un debido proceso dentro de los juzgados civiles del poder judicial oaxaqueño como magistrado y, posteriormente, como presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Por otra parte, la conmemoración del Día de la Abogacía, tiene su origen en el periodo del presidente Adolfo López Mateos en la década de los sesentas, con la intención de dar jubilo a los profesionales del derecho, aunque la realidad era dejar claro que, la etapa del caudillismo de los generales estaba quedando atrás gradualmente, y que la época de los abogados al frente de la primera magistratura sería ocupada, a partir de ese momento, por abogados.
Y así fue, las siguientes cinco décadas estuviéron marcadas prácticamente por esta “jurisprudencia Presidencial”, dejando cofradías de poder desde quienes representaban la profesión de mostrarse y verse como abogados, pero después fueron desplazados por los economistas y ahora con el Presidente Andrés Manuel López Obrador, Politólogo, un licenciado de Ciencia Política y Administración Pública, quien por cierto, en el último medio año ha manifestado el deseo de implementar una reforma al Poder Judicial de la Federación desde el Congreso de la Unión, y bajo el argumento de que la corrupción y los malos manejos han corrompido a la institución que imparte la justicia mexicana.
La discusión se ha iniciado desde foros donde especialistas y legisladores muestran el claroscuro de tal iniciativa y los beneficios para México, dejando el aval y aprobación para la próxima Legislatura Federal, que junto a la Presidenta electa Claudia Sheimbaum Pardo definirán el resultado de la institución judicial.
Pero más allá del frenesí legislativo y político que en últimas semanas ha estado en los comentarios de la gente con todo tipo de argumentos e interpretaciones al respecto, quiero llevar a otra reflexión, ¿Será la estructura orgánica del Poder Judicial la que tiene que ser modificada desde su reforma o será el contexto y los vicios no tan ocultos que están alrededor de los muros judiciales?
Lo anterior desde la perspectiva que todo proceso inicia en un despacho jurídico de una abogada o abogado, quienes son los responsables de definir una asesoría y contratación de servicios y, sobre todo, de ver los alcances de un juicio. Aquí ¿será donde inicia la corrupción y la falta de ética profesional? Considerando que toda persona que acude a la contratación de este servicio carece de conocimiento jurídico, es decir, de manera franca asiste con toda su fe, esperanza y desesperación ante un escritorio y la atención del abogado, confiando en que recibirá la plena atención de su problema como prioridad y ética de servicio.
Pero este ritual de asesoría va acompañado de la parte más compleja ¿Cuánto va a cobrar el licenciado? Siendo allí donde se puede torcer el asunto, pues la ambigüedad se hace presente e incluso la alevosía ante el necesitado de justicia.
Comentarios como: “Todo depende de los tramites”, “las copias tienen un costo” y “la agilidad de su asunto depende de atenciones”, llevan al letargo de interminables cobros y adelantos que se hacen presentes. Lo más curioso, es que después de varios o muchos años sin resolverse la situación, deja lo notorio que el abogado ya cambió de auto de lujo, a casa residencial, viajes, y hasta ya se construyó su edificio u hotel.
La suspicacia hace considerar que todo fue un alargue del asunto jurídico para servir como beca de sustento para el abogado, bajo el pretexto de ya casi se resuelve con la certeza de que será favorable y a su favor el fallo de la justicia; en fin, si le suena familiar la situación entonces tendríamos que reflexionar si el poder judicial se reforma o debe de cambiarse de fondo la manera de actuar que todo abogado asume su rol, al hacer su juramento de titulación, en favor de la ley o de su ley.
Y dónde quedan los ideales quijotescos que Miguel de Cervantes Saavedra plasmó en su obra, y que el jurista tradicional asume como figurilla de honor en su labor cotidiana, aunque tal vez no se haya dado el tiempo de leer algunos capítulos del ilustre Hidalgo, quien acompañado de su escudero iba combatiendo la ignominia de los molinos en pie de lucha.
Finalmente, quiero aclarar que existen tremendos abogados y abogadas que enaltecen la profesión de la licenciatura en Derecho, y por quienes muchos se inspiran en seguir sus pasos, aprender de sus estudios, cátedra y carrera judicial de loable reconocimiento, México necesita más de ustedes, sigan haciéndose presentes con su profesionalismo, trabajo e ideales.
Por ello, es que las frases de Benito Juárez o José María Iglesias de la justa aplicación de la ley y la justa medianía deben asumirse como son, normas de conductasy de ejercicio de un buen abogado, donde los ideales de justicia deben de ir por delante, sino por más que se reforme la estructura judicial o elección de jueces y magistrados será en balde, siguiendo las mismas formas y vicios, y solo encontraremos juristas con fuero en la imagen de abogados juaristas.