¿Estados Unidos ha tenido hombres fuertes, dictadores, caudillos, tiranos?
¿Podría ser Donald Trump ser el primero?
La revisión de la historia estadounidense da una respuesta negativa a las primeras preguntas, mientras una gran duda se abre al responder la segunda.
Por lo pronto, el actual gobierno estadounidense a días de cumplir dos meses y medio apenas, ha desmitificado las epopeyas de la democracia de nuestro vecino del norte para mostrar que puede ser tan terrenal, con sus vicios y virtudes, como las de cualquier otro país.
En paralelo, emergen las historias del llamado “imperialismo estadounidense”, la serie de duros hechos que llevaron a las originales 13 colonias a convertirse en la primera potencia mundial el pasado siglo, muchos de los cuales se vivieron en nuestro continente sin olvidar a México y su pérdida territorial en el siglo XIX.
Ahora, la imposición de aranceles sin respetar las normas jurídicas internacionales o la ambición de hacerse a la buena o a la mala de instalaciones –canal de Panamá- territorios –Groenlandia- o aún países -Canadá- podría verse completada con el inicio del camino hacia el tercer mandato presidencial de Trump.
Ese objetivo y el camino para lograrlo son ejemplos de cómo negocia el presidente estadunidense número 47: plantear destinos insólitos por solo decirlos, polémicos, como que Canadá sea el estado 51, y empujar y empujar hasta lograr no la meta buscada, pero sí otras ganancias importantes y presumibles.
Un ejemplo visible ha sido la amenaza de realizar deportaciones masivas, las cuales no han sucedido pero sí acciones espectaculares como la expulsión de venezolanos acusados de pertenecer a la banda llamada Tren de Aragua pasando por encima de órdenes judiciales, o el encarcelamiento de críticos del régimen, todo bajo una ley de la II Guerra Mundial.
La consecuencia ha sido la caída drástica de la migración hacia suelo estadunidense, lo que se completa con imágenes de una tanqueta militar en la frontera con México, buques de guerra en ambos océanos también cerca de la línea divisoria, y la ubicación de militares mexicanos en la frontera con Guatemala.
Por supuesto, lo anterior solo detendrá la migración sin documentos un tiempo, y podría generar sacudidas sociales en los países de origen de emigrantes, así como el disparo de cruces irregulares con nuevas e imaginativas formas.
Pero regresando al dibujado tercer mandato de Trump, el sitio especializado político.com indica cuatro formas de saltarse la vigésima segunda Enmienda constitucional que lo impide.
La primera sería la generación de un movimiento que pretendiera la rescisión de esa enmienda. Esto recuerda las hordas que asaltaron el Capitolio el seis de enero de 2021 para completar el proceso electoral de 2020 bajo la consigna de que había ganado Trump pero le habían hecho fraude. ¿Qué ganó el entonces presidente saliente? Exacerbar los ánimos de sus seguidores y mantenerse en el ánimo de la opinión pública, lo que alimentó su victoria de 2024.
La segunda sería su nominación como vicepresidente y de obtener el triunfo el candidato presidencial –¿el actual número dos J.D. Vance?- regresar a la Oficina Oval tras la renuncia del electo.
Toda vez que la Suprema Corte de Justicia sería la instancia que frenaría sus aspiraciones en algún momento de la carrera por la tercera presidencia, apostar por que no tomaría esa decisión judicial. A favor tiene que la mayoría de sus ministros son conservadores, pero ya el presidente del máximo tribunal estadunidense, John Roberts, sentó un precedente al advertir al mandatario que la vía de manifestar desacuerdo con una decisión judicial no es pidiendo la salida del juez que emitió esa orden, sino yendo a tribunales para hacer la recusación procedente.
O, dice el portal especializado como cuarta vía, negándose a dejar la Oficina Oval tras el final de su mandato, lo que si bien parece la más violenta es al mismo tiempo, la que parece que iría más a tono con el carácter de Trump.
Lo más importante, alguien diría lo único importante, es la decisión de los ciudadanos estadunidenses.
El pasado martes uno de abril una jueza liberal defensora del derecho al aborto, ganó a su oponente conservador y llegó a la Suprema Corte del estado de Wisconsin. Mientras, dos candidatos conservadores ganaron elecciones extraordinarias a la Cámara de Representantes pero con un margen de votos sensiblemente menor a la mayoría que logró Trump en noviembre pasado.
Pero lo que podría parecer más significativo, dice de nuevo politico.com es la posibilidad de la salida en algunas semanas de Elon Musk de su cargo de Empleado Especial responsable del departamento de eficiencia gubernamental (DOGE), debido al repudio a su marca Tesla por el despido de empleados federales y las rudas formas de hacerlo, una muestra de que los contrapesos en un sistema democrático no solo funcionan, sino son indispensables.
j_esqueda8@hotmail.com