“Perdí todo, mis hijos están con vida, pero todo lo perdí”, expresó con lágrimas, voz entrecortada y las manos tiznadas la señora Milena Hernández para Síntesis.

La mañana del miércoles, Milena salió a vender tamales y chilaquiles como de costumbre en una esquina de la colonia Campestre Villas del Álamo, a escasos metros de su hogar, mientras que una explosión en su vivienda lo consumió todo.

El siniestro fue provocado por la explosión de un tanque de gas que dejó en ruinas su casa y a dos de sus hijos con quemaduras.

En la vivienda se encontraban su hijo Arón, Milena (su hija) y su nieto de ocho años. Según narró la señora Hernández, su hijo escuchó un ruido extraño en el tanque de gas y al acercarse al intentar cerrarlo, este explotó, arrojándolo hasta la sala. Su hija intentó ayudar, pero una segunda explosión la alcanzó.

“Mi hija se acercó y ocurrió otra explosión que tiró la puerta y la aventó hacia afuera”.

En medio de las llamas, Milena corrió hacia las escaleras para subir al segundo piso y rescatar a su hijo de ocho años que se encontraba en una de las habitaciones, mismo que salió ileso. Pero ella no corrió con la misma suerte, el fuego alcanzó su rostro y cuerpo, causándole quemaduras de segundo grado.

“Mi hija se empezó a quemar, iba bajando con el niño… Me cuentan los vecinos que a mi hijo le apagaron el fuego de la cabeza, estaba todo quemado”, relató la señora Hernández.

Una tercera explosión consumió por completo la vivienda. El saldo, pérdida total.

“Todo se perdió, mi hija tiene quemaduras en el 30 por ciento de su cuerpo, está muy quemada de la cara, los brazos, piernas, manos y mi hijo se quemó la cabeza, la mitad de la cara, el cuello, las manos”.

Elementos de Protección Civil arribaron para controlar el fuego, mientras que el cuerpo de bomberos llegó aproximadamente 45 minutos después, tras tres llamadas al 911.

Los afectados fueron trasladados al Hospital General de Pachuca, donde, según la familia, no fueron atendidos durante más de cuatro horas, por este motivo, solicitaron alta voluntaria y acudieron a una clínica particular.

Entre los escombros, Milena intentó rescatar algunas pertenencias, pero solo logró recuperar un muñeco de su nieto y algo de ropa. ”Ya no quiero saber nada de gas, ni de estufas, nada de eso”, concluyó, entre lágrimas.

El estallido también causó daños a viviendas aledañas, como la ruptura de vidrios y ventanas. Finalmente, las y los vecinos en un acto de solidaridad han reunido alimentos, ropa y apoyo para quienes lo perdieron todo.