Por: Carlos R. Muñoz Moreno
Hoy vivimos en un régimen que se autoproclama “de izquierda”, se romantiza el hecho y se antepone a “la derecha”, así que políticamente se ha hecho una igualmente romantizada disputa política entre la izquierda y la derecha. Ser de izquierda es un cartabón para ejercer la rebeldía; por el contrario, identificarse con la derecha es sinónimo de conservadurismo; sin embargo, la izquierda de hoy no es la misma de otras épocas, no es la misma de otras etapas históricas, como el de la ilustración, de la misma manera que el autoproclamado populismo de Barak Obama nunca fue, ni de lejos, el de Lula o el de López Obrador o el de los ibéricos y Podemos.
La única certeza que tenemos es que la izquierda carga con el absurdo sambenito de la perversidad, la rebelión y la maldad. Pero en el origen de la izquierda política está muy lejos del socialismo-comunismo o del marxismo-leninismo que hoy proclaman, sobre todo porque el proceso en boga de despojar de toda ideología al actuar humano deviene en “populismos de derecha”. Este fenómeno que no es nuevo se retrata de manera nítida en la Guerra Civil Española donde iban de grito franquista de “Viva la Muerte” al existencialismo de Ortega y Gasset que respaldaba así el movimiento rebelde español.
Pero ¿dónde nace, con propiedad, rito y todo el bagaje político esa división de izquierda y derecha? Y más aún, qué ha ido representando cada uno de los extremos políticos a lo largo de la historia.
Durante la Revolución Francesa, inspirados por el movimiento de la Ilustración, que no fue sino en un sentido muy amplio el culmen del renacentismo, se fue despojando a la Iglesia del monopolio del saber y las artes con lo cual dejaron de ser temas clericales para trasladarse primero a las monarquías y, poco a poco, permeó a las clases adineradas dedicadas al comercio y a la banca y a una incipiente industria.
Y es en ese contexto donde nace el movimiento político y social donde los derechos de la ciudadanía se enfrentaban al poder eclesial, primero y luego al llamado “derecho divino de los reyes.
Este grupo de librepensadores de la ilustración francesa que se hacían llamar “jacobinos” (y estoy abusando de resumir hechos históricos), comienzan a hablar de dar voz a ese sector de la población que no eran parte de la realeza ni tenían títulos de nobleza, mediante una monarquía parlamentaria, para acotar el absolutismo de los reyes y proteger así a las clases ricas y educadas sus derechos y sus negocios. Lograda esa lucha y formado el gobierno parlamentario, quienes defendían los derechos reales y clericales se sentaban a la derecha y los jacobinos que promovían una política liberal ¡a la izquierda! promoviendo un incipiente libre mercado, en un mundo donde ni el comunismo ni el socialismo existían.
Y sí, en ese contexto la izquierda ilustrada se identificaba con lo que hoy sería CAPITALISMO, es decir política de derecha.
UN ABRZO A LA CUATITUD





















