Yazmín Dávila, presidenta municipal de Singuilucan, respaldó la instalación de dos parques fotovoltaicos en la región y aclaró que las hectáreas destinadas a los proyectos no corresponden a zonas magueyeras, sino a terrenos dedicados al cultivo de cebada, cuya rentabilidad, afirmó, es limitada.

“Son tierras que actualmente se utilizan para sembrar cebada, pero en esa zona los rendimientos apenas alcanzan entre una y una tonelada y media por hectárea. Para que la producción fuera rentable tendría que superar las tres toneladas por hectárea. Lo sé porque yo misma tengo tierras en ese lugar”, señaló la edil.

Explicó que los terrenos presentan condiciones adversas, como escasas lluvias y altas temperaturas, lo que reduce la productividad y limita los ingresos de los productores. Agregó que los magueyes solo se encuentran en los linderos y que existe una ley que protege a esa especie, la cual debe respetarse. “Se trata de informarnos y encontrar un equilibrio, un punto medio”, expresó.

Dávila aseguró que no existe evidencia de impactos negativos de los paneles solares y pidió confianza en las autoridades estatales y federales que avalaron el proyecto. “El gobierno estatal jamás permitiría que un proyecto dañino llegara a la entidad”, subrayó.

La alcaldesa detalló que el parque abarcará 667 hectáreas, de las cuales el 90 % se ubican en Singuilucan, aunque los ejidos pertenecen a Epazoyucan, situación que ha generado manifestaciones y desacuerdos en ese municipio. Recordó que el proyecto se gestó desde 2017 y que la mayoría de los dueños de tierras aceptaron rentarlas por los beneficios económicos que representa.

“Recibirán un pago anual superior a los 30 mil pesos por hectárea, mientras que una hectárea de cebada, en el mejor de los casos, deja una ganancia de 10 mil pesos. Ese ingreso es el que ha motivado a los ejidatarios a participar. No son traidores a la patria ni personas que no quieran a su tierra, son familias que buscan un beneficio económico de largo plazo”, explicó.

Dávila pidió no politizar el tema y reiteró su disposición al diálogo con quienes se oponen al proyecto, con base en información científica y técnica. Finalmente, recordó que proviene de una familia de tlachiqueros y aseguró que la tradición del maguey se mantendrá. “Es una actividad que llevamos en el corazón y que vamos a seguir preservando. En Singuilucan tenemos más de 4 mil hectáreas de magueyes”, concluyó.