Sydne Mariel Mendoza Mer
En un país que envejece aceleradamente es necesario recordar que las personas mayores no solo son beneficiarias de políticas, también son actores centrales de la vida económica, cultural y comunitaria de México, ignorar su potencial tendría un costo que el país no puede darse el lujo de pagar.
Algunas veces hablamos del futuro como si fuera un espacio reservado únicamente para la juventud, como si el mundo se construyera solo hacia adelante y se olvidara de mirar a quienes ya han recorrido un largo trayecto. Sin embargo, el siglo XXI está revelando un fenómeno que obliga a replantear esa visión: la consolidación de la economía plateada – económico, social y cultural – de las personas mayores en las sociedades contemporáneas.
Esta economía plateada que abarca todo aquello que se mueve entorno a la población adulta mayor: servicios de salud, cuidados, movilidad, turismo accesible, inclusión financiera, tecnología adaptada, vivienda adecuada, participación comunitaria y, por supuesto, su rol como trabajadores, consumidores, cuidadores y transmisores de conocimiento, no es un tema marginal ni emergente; es una realidad creciente que está transformando mercados, políticas públicas y modelos de convivencia.
En México este cambio se siente cada vez más cerca, este país que durante décadas fue descrito como joven, está madurando demográficamente. Vivimos más años y buscamos vivirlos con sentido, autonomía y calidad y este es un momento ideal para construir sociedades más inclusivas, hablar de economía plateada implica reconocer que el envejecimiento no es sinónimo de pasividad.
Las personas mayores sostienen redes familiares complejas y formas de comprender el mundo que no se reemplazan con facilidad, su presencia en la economía no es periférica: es estructural, por ello nuestra concepción de la vejez no puede reducirlos a estereotipos únicos de fragilidad o dependencia, ya que la discriminación por edad quizá es uno de los prejuicios mayormente normalizados y menos discutidos, combatirlo es una forma de devolver dignidad generacional a los adultos mayores, otro de los desafíos es la infraestructura tanto pública como privada es necesario diseñar entornos con espacios seguros, ciudades caminables, políticas para cuidado de personas mayores y tecnologías accesibles para quienes no crecieron con ellas y finalmente el desafío de la sensibilidad ciudadana, ya que el envejecimiento es un fenómeno y el único futuro que todas y todos compartimos aunque nos resistamos continuamente a él.
En México, en envejecimiento de la población se acelera: según la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID 2023), las personas de 60 años o más, representan el 14.7% de la población total, un aumento significativo respecto al 12.3% registrado en 2018. Esta transformación demográfica se combina además con una reducción de la razón de dependencia juvenil, lo que implica que habrá menos jóvenes para sostener la carga económica y de cuidados de la población mayor.
Sin embargo, para muchos adultos mayores, el acceso a la seguridad social aún es insuficiente, de acuerdo con datos del INEGI (a través del INAPAM), solo el 18.3% de las personas de 60 años o más cuentan con una pensión o jubilación formal, lo que deja a una gran parte de la población en condiciones de vulnerabilidad económica que equivale a aproximadamente 3 millones de personas adultas mayores sin protección social básica.
Estas cifras evidencian que la economía plateada no es solo una cuestión demográfica o de mercado, sino una necesidad urgente para garantizar una vejez digna, si las políticas y los modelos económicos no reconocen y aprovechan el potencial de las personas adultas mayores, se corre el riesgo de construir un sistema social insostenible donde muchos enfrenten el retiro sin redes sólidas de protección y cobertura social, pero con una capacidad activa de contribuir a la economía nacional.
Por ello la conversación sobre la economía plateada nos recuerda que el cuidado no es solo una responsabilidad institucional, sino un compromiso social ya que el bienestar no debe segmentarse por edades y que la dignidad debe acompañar en cada etapa de la vida de un ser humano, este compromiso social nos invita a imaginar modelos económicos que valoren la experiencia tanto como la innovación y que se reconozca que el talento humano no se extingue con la edad.
Quizá el mayor reto – y la mayor responsabilidad– consiste en entender que una sociedad que honra a sus personas mayores es una sociedad que se respeta a sí misma, poner en la cosa pública este tema es buscar un futuro más justo, más humano y sostenible.





















