Existe una leyenda en la mitología griega dónde la mortal Alcmena (en latín, Alcumena) da a luz a un niño, ésta lo deja abandonado cerca de las murallas de la antigua ciudad de Tebas (en griego: Θῆβαι). Más tarde la diosa Atenea, por consejo de Zeus va en ayuda del bebé. Lo entrega a la diosa Hera, quien vive en el Olimpo, hogar de los dioses. Hera queda admirada por la robustez y belleza del niño. El pequeño es llamado Hércules o Heracles (en griego: Hρακλῆς). La diosa lo amamanta, sin embargo la leche es tanta que parte de ésta, se derrama en el cielo dando origen a la Vía Láctea. Hoy día es el nombre que recibe nuestra galaxia, la cual es una franja de luz difusa compuesta de millones de estrellas, que envuelve a la bóveda celeste, la cual puede ser observada en sitios alejados de las grandes ciudades o desde lugares muy obscuros. La Vía Láctea tiene una estructura compleja, cuyos contornos tienen diferente ancho y brillo. El astrónomo William Herschel (1738-1822) fue el primero en proponer un método para determinar la forma de nuestra galaxia. Si se observa a la Vía Láctea en una noche obscura, se podrá notar que existen bandas de obscuridad esparcidas a lo largo de ella, bastas nubes de gas y polvo que solo se vuelven visibles cuando éstas bloquean la luz de estrellas más distantes. Estas nubes gigantes repartidas por toda la galaxia, proporcionan la materia prima para la formación de nuevas estrellas.

En virtud de que las estrellas viven mucho tiempo, demasiado para que el ser humano pueda observar el ciclo de la vida de una sola estrella, se tiene que construir un modelo de la vida de las estrellas. Esto a partir de estudiar a muchas otras, aunque en diferentes períodos de sus vidas. Este modelo teórico y experimental ha permitido comprobar que las estrellas nacen, viven y mueren. Muy importante para explicar estos procesos es la luz que éstas están emitiendo. Asimismo, es muy importante conocer el material del cual nace una nueva estrella. Se sabe que en el espacio interestelar existen nubes de gas y polvo cósmico, básicamente, el gas está formado por átomos libres de los elementos químicos de hidrógeno y helio. Estas nubes contienen los insumos para la condensación de las nuevas estrellas. La formación de una estrella comienza con la atracción mutua de las partículas del gas que forman a la nube. Esto técnicamente se conoce como colapso gravitacional. Para que esto suceda, debe ocurrir una perturbación que provoque esta condensación. Por lo que la densidad de esa parte de la nube dónde se da este fenómeno, va incrementándose, formando el núcleo.

Existe un vivero de estrellas muy conocido, éste, se encuentra en la constelación de Orión. Si se mira a través de un par de binoculares hacia la espada de Orión, se podrá ver una estrella en medio de una nube. Esta es la gran nebulosa de Orión o M42, justo debajo de M43, otra nebulosa. Un telescopio revelará una nube de gas brillantemente iluminada por un grupo de brillantes estrellas azules, las últimas de una serie que nacen del gas que impregna el cielo de Orión. En las etapas del proceso de formación de nuevas estrellas, el último paso ha dado lugar a grandes descubrimientos. Por su espectacular belleza, estas son llamadas, nebulosas planetarias, aunque se debe aclarar que no son planetas. Debido a que el helio es el elemento más pesado que queman las estrellas, como por ejemplo nuestro sol. A medida que el hidrógeno se consume, el helio se traslada a las capas exteriores, y eso provoca un incremento en la inestabilidad de una estrella. Eventualmente, éstas se despojan de las capas exteriores y forman las capas más brillantes de una nebulosa planetaria, su nombre es debido a que parecen discos con forma de planeta. Las nebulosas suelen ser esféricas, pero los campos magnéticos o las estrellas vecinas pueden distorsionarlas en formas más complejas, aunque también más hermosas.

Las nebulosas que se han descubierto son de diferentes naturalezas, tamaños, formas y colores (longitudes de onda). Existen las nebulosas: obscuras o de absorción, brillantes, de reflexión, de emisión, planetarias y remanentes de supernovas. Entre las nebulosas más conocidas están: Haltera a mil años luz de nuestro planeta, Omega a tres mil años luz, Laguna a cuatro mil quinientos años luz, Trífida a seis mil años luz, Águila a siete mil años luz, Orión a mil quinientos años luz, de la lechuza a dos mil trecientos años luz , del Cangrejo a cuatro mil años luz y Anular a cinco mil años luz. En la constelación de Hércules, se encuentra la nebulosa circular Abell 39, descubierta en el año 1966. Otra nebulosa planetaria muy interesante es M2-9 descubierta por Rudolph Minkowski, en el año 1947. Y entre las más espectaculares está la nebulosa Ojo de Gato, o NGC 6543. Una más, de espectacular belleza, es la nebulosa planetaria IC418 o del Espirógrafo, en la constelación de Lepus.

Muchos de estos descubrimientos se deben a la puesta en marcha en la décadas pasadas del telescopio espacial Hubble. Hoy día, este telescopio ha dejado un legado en imágenes que puede ser consultado en: Hubble Legacy Archive. https://hla.stsci.edu/

Apreciable lectora y lector, te invito a ver el siguiente video:

https://www.youtube.com/watch?v=kBIyw0dUUVo

Universidad Politécnica de Tulancingo.
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