Los 11 Mandamientos del Bufón Pulquero y los abusos no tan legales en contra de los tlachiqueros.
(O cómo lucrar con el sudor de los tlachiqueros sin ensuciarse el lino)
1. Santificarás el «Día Nacional» (y solo ese día): Te disfrazarás de campesino con ropa de diseñador y bordado ancestral; sombrero que no te confunda con el movimiento. El resto del año, si ves a un tlachiquero en la calle, subirás el vidrio de tu camioneta blindada. El pulque es «cultura» solo cuando hay prensa; el resto del tiempo es «cosa de borrachos mugrosos», generalmente morenos. Los rubios del pulque pasan sin pagar y se encuentran entre las deidades o los tlatoanis.
2. Plagiarás con estilo: todo lo que Emilio Valdovinos, Mariana, Brisa, Eddy Wine Vides, Jorge Campos, Javier Gómez Marín, Gerardo Bravo Vargas, el Sr. Rafael, los Amigos del Pulque A.C., Alfonso Álvarado, Andrés Sánchez+, Alfredo Moctezuma+, entre los más destacados, han construido con décadas de trabajo y originalidad, tú lo resumirás en un reel de 15 segundos. Robarás el concepto, le pondrás una marca de agua y dirás que es tuyo.
Recuerda no dar el crédito, las citas APA son para otros.
3. Honrarás a la «Ficción turística»: Venderás el pulque en copa de cristal por 200 pesos a gente que cree que el aguamiel sale de un grifo. Si el pulque sabe a verdad (a tierra y fermento real), diles que es «demasiado fuerte para su paladar refinado» y rebájalo hasta que parezca agua de bebida refrescante con piquete. De todos modos, ya borrachos, ni cuenta se dan.
4. Tratarás al tlachiquero como mobiliario: En las fotos, el productor debe salir atrás, borroso o sonriendo como si no tuviera deudas. Él es la «parafernalia». Terminando el evento, no le ofrezcas ni un vaso de agua; que se regrese en autobús mientras tú celebras el «éxito del campo» en la Condesa, en Insurgentes o en la Hacienda que le convenga a tus intereses.
5. Ignorarás al barrio: Si alguien menciona el barrio de San Pablo en Iztapalapa, por ejemplo, haz cara de asco. El pulque de verdad, el que se bebe en el asfalto y en la resistencia urbana, no entra en tu estética. Para ti, el pulque solo es digno si se bebe en una hacienda con muros de piedra y seguridad privada, con tu padrino o madrina política. Recuerda que eres el protegé del hacendado y el nieto del académico con apellido de líder insurgente.
6. Huirás de la realidad agraria: Si los campesinos piden apoyo por el robo de mixiote o el abandono del campo, apaga el celular. Tú estás aquí para la «felicidad pulquera nivel dios hípster», no para los problemas de la clase agraria. Tu compromiso termina donde empieza el lodo.
7. Presumirás premios ajenos: Si Joel Lagos gana en Tepeapulco por su maestría, cuélgate la medalla. Di que «en tu grupo apoyamos el talento local», aunque no sepas ni cómo se agarra un acocote.
8. Ejercerás el racismo gourmet: El pulque es «ancestral» si lo vendes tú; es «antihigiénico» si lo vende el señor en la cajuela de su pequeño auto y no baja recursos del gobierno. La bacteria solo es «probiótica» si viene en una botella con etiqueta minimalista y premios mundiales o le pertenece a la famosa universidad agraria.
9. Evitarás las relaciones políticas… a menos que haya subsidio: Dirás que eres «independiente», pero lamerás la bota de cualquier funcionario, hacendado o diva académica que te dé un espacio en la feria para seguir desplazando a los productores reales.
10. Tratarás a la tradición como mercancía: Olvida que detrás de cada jarro hay una familia. Olvida la historia. Olvida el sudor. Olvida a la gente. Olvida a México. Lo único importante es que el logo se vea bien y que los «pudientes» se sientan cultos y cool por un día.
11. Tratarás a las mujeres pulqueras como objeto y defenderás al rico de apellido flamante: difamarás a quien no se somete a tu capricho turístico, y a la aristocracia, es decir, a la que no te concedió el favor sexual y al final, muy su problema pero que no vendan virtud pulquera.
Reflexión de tinacal (Humor Negro)
Dice el Sr. Juan desde San Pablo que el pulque tiene una propiedad mágica: a los que son de verdad, los pone alegres; a los fantoches, les saca lo racista. Porque no hay nada más ridículo que ver a un «embajador del pulque» hablando de raíces mientras patea la raíz que lo sostiene.
La diferencia es clara: mientras unos se toman la foto, se toman la responsabilidad. Unos venden el envase, los otros guardan la esencia. Al final, cuando pase la moda y los ricos se cansen de jugar al «México profundo», el maguey seguirá ahí, esperando a los que nunca se fueron.



















