En los pasillos del mercado Benito Juárez, en el Centro Histórico de Pachuca, se mantiene viva la tradición que impulsa un oficio, la restauración de Niños Dios. Con pintura, pinceles, resina y yeso, Felipe y su sobrino Brandon dedican horas de paciencia para componer, embellecer y conservar estas imágenes religiosas con valor de fe para decenas de familias.
Con la mirada fija y delicadeza, los restauradores trabajan cada pieza como si fuera única, Felipe, con 30 años de experiencia, aprendió el oficio de su padre, un restaurador con más de medio siglo de trayectoria que comenzó reparando figuras de vecinos, hasta convertir su taller en un lugar de confianza donde no solo se entregan imágenes, sino también parte de la fe de los devotos.
“Aquí vienen muchas personas a dejar a sus niños. Han quedado muy satisfechos con el trabajo que hacemos”.
Las figuras de madera, resina o yeso y de distintos tamaños, algunas veces requieren desde retoques de color hasta reconstrucciones. Felipe logra restaurar hasta 30 piezas al día dependiendo del daño.
“Lo más laborioso es hacerle los dedos y de ahí pintarlos, retocarlos bien. Todo es a mano a base de pinceles”.
Brandon, de 22 años, quien hace cuatro años se dedica al oficio, relató que a este taller llegan familias que tienen consigo piezas desde hace más de 30 o 45 años y durante enero, previo al Día de la Candelaria, es la mayor demanda de los fieles para el dos de febrero llevarlos a bendecir.
La fe incluye vestimenta y accesorios
La vestimenta de los Niños Dios es otra costumbre solicitada en estas fechas. La familia Rosales mantiene desde hace más de tres décadas un negocio dedicado a la venta de ropa y accesorios para el Día de la Candelaria.
Erika Salinas Rosales, explicó que la demanda varía según la fe y el presupuesto de cada persona. Los vestidos blancos o beige son los más solicitados, así como las prendas inspiradas en advocaciones como San Judas Tadeo, el Santo Niño de Atocha o el Niño de las Azucenas.
“Dicen los padres que no se pueden vestir de santos, pero yo siempre les digo a mis clientes quien le pide, quien lo añora, eres tú”.
Sin embargo, reconoció que la tradición se ha ido perdiendo en las nuevas generaciones.
“Hace algunos años venía la gente con sus canastas llenas de niños, ahora ya llega una o dos personas y ya mayores. Los jóvenes ya no creen en la actualidad en estas cosas”.
















