Desde las 10:30 horas, el sonido de las bandas de viento se apoderó de las calles de Pachuca con ritmos distintos que marcaron el pulso de la fiesta. Una a una, las 42 comparsas afinaron detalles, ajustaron máscaras y acomodaron penachos, en las inmediaciones del Estadio Revolución donde arrancó el desfile “Es Tiempo de Carnaval 2026”.

Carros alegóricos, faldas coloridas, máscaras, cuernos, látigos, disfraces y lentejuelas avanzaron por la ciudad con más de dos mil 200 personas caracterizadas. La comparsa del estado de Guerrero encabezó el desfile con los jaguares de Chilapa, que impusieron fuerza y ritmo desde el primer momento.

Familias completas ocuparon banquetas y camellones sobre avenida Revolución, Ignacio Allende, Mariano Matamoros, Vicente Guerrero y Plaza Juárez. Entre aplausos, celulares en alto y miradas atentas, el público siguió cada paso del desfile, sorprendido por la diversidad cultural de los municipios participantes.

Desde Calnali, uno de los cuernudos compartió que sumó más de una década como integrante de su comparsa, tradición que heredó y mantuvo con orgullo. A lo largo del trayecto, algunos danzantes tomaron pulque o tequila para avivar el ánimo y sostener el ritmo del baile.

En Alfajayucan, la costumbre cambió los tradicionales naranjazos por una lluvia de agua, mientras que Apan y Singuilucan ofrecieron vasos de pulque; Actopan, tacos de barbacoa con tortillas hechas a mano arriba del carro alegórico a las y los asistentes, gesto que reforzó el ambiente festivo.

A las 14:15 horas, la comparsa de la Secretaría de Medio Ambiente cerró el desfile en Plaza Juárez, para concluir la jornada.

En el Pabellón Gastronómico y Artesanal, los tacos de barbacoa, mixiote y escamoles compartieron espacio con antojitos tradicionales, dulces típicos y bebidas como pulque y curados, mientras que en los puestos artesanales se ofrecieron bordados, máscaras, textiles y piezas elaboradas por manos hidalguenses.

Este ambiente festivo marcó el arranque de los carnavales en diferentes municipios de Hidalgo y consolidó a Pachuca como punto de encuentro de las tradiciones del estado.