La captura y abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, el Mencho, mantiene la atención mundial sobre el lado oscuro de México, la violencia y el narcotráfico, con el recuerdo de lo sucedido a principios de los años ochenta en Colombia, en el marco del gran cambio en la relación de nuestro país con Estados Unidos.
La realización de la Copa Mundial de la FIFA 2026 en tres ciudades mexicanas que se sumarán a otras de Canadá y Estados Unidos, alimenta esa atención por las preocupaciones de seguridad para las selecciones participantes, sobre todo en Guadalajara, y a pesar de que el organismo rector del balompié mundial ya se dijo satisfecha con la organización, la violencia desatada tiene una dinámica propia que no obedece a eventos mundiales por más importantes que sean.
El interés mundial sobre México por la muerte de El Mencho, además de las fumarolas en el cielo azul de Puerto Vallarta por los bloqueos, viene también porque su Cártel Jalisco Nueva Generación tiene diferentes grados de presencia y actuación en países de nuestro continente, de Europa, de Asia incluidos Australia y Nueva Zelandia, e inclusive África. Solo falta Groenlandia, aunque quizá pronto se sepa que ya opera un grupo local asociado.
El operativo que cobró la vida del narcotraficante vivo más poderoso de México luego de que el Chapo Guzmán y el Mayo Zambada duermen en cárceles de Estados Unidos, ha sido oportuno para la narrativa de fuerza, poder y triunfo del presidente estadunidense Donald Trump, quien en su mensaje sobre el Estado de la Nación la noche de este martes 24, dijo “también hemos eliminado a uno de los más siniestros líderes de cárteles, como todos vieron ayer”.
Más allá del error de tiempo -pues el hecho sucedió el domingo, no el lunes- la afirmación del mandatario alimenta la narrativa de que el cambio de estrategia contra el crimen organizado en México se le debe a él y no a ningún otro factor.
Lo que se puede ver es que la relación México-Estados Unidos es el área donde más y más importantes cambios ha habido en la actual administración gubernamental mexicana respecto a la 2018-2024.
La cooperación en materia de seguridad entre ambos países ha recobrado su vigencia, a diferencia de la que existió en el pasado reciente. La frase de que Estados Unidos solo cooperó con información de inteligencia para la ubicación y posterior acción contra Oseguera así lo muestra.
También figura el debilitamiento de las relaciones comerciales entre México y China, que obedecen más al interés de la Casa Blanca por acabar en materia comercial con Beijing, que a las prácticas nocivas chinas en su comercio con nuestro país.
De más trascendencia es el cese del flujo de combustible mexicano a Cuba, un hecho que ha roto la cooperación de años en ese rubro con la isla antillana, justo cuando gobierna una administración política e ideológicamente cercana a La Habana.
El envío de ayuda humanitaria a Cuba, por ese contexto, resulta patético, pues la urgencia se centra en el petróleo, y si bien los envíos de leche son apreciados, no resuelven ningún problema aunque calmen la conciencia.
Buscar un arreglo por la vía diplomática para reiniciar el envío de combustibles a la isla, en los hechos justifica la política imperial estadunidense, dándose por obvio que México carece de la fuerza para enviar tanqueros escoltados que lleguen a salvo a las refinerías cubanas.
Antes ya se había dado el virtual cierre de las fronteras mexicanas a los migrantes sin documentos que iban en busca del sueño americano.
Es como se ve, todo un cambio en la relación bilateral en la cual aún se esperan sorpresas, aunque posiblemente no la caída de importantes figuras políticas o privadas mexicanas, que asociadas al narcotráfico, han dado a esta actividad la relevancia que tiene pese al degüello de sus principales cabezas.
Pero hay que estar atentos, pues falta la pieza central: el Tratado de Libre Comercio, donde a como se van desarrollando los hechos, México va hacia una trayectoria de grandes concesiones.
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