El conflicto que iniciaron Estados Unidos e Israel contra Irán ha tenido momentos agudos, como el asesinato del máximo líder iraní Ali Jamenei, acto que fracasó en dejar inútil al régimen teocrático del país petrolero, pero con la consecuencia de generar inestabilidad económica global, la cual apunta a convertirse en el principal freno al conflicto.
Junto a ese disuasor, se encuentra también que al quedar claro que el pueblo iraní no se levantaba en masa contra el régimen, surgió la duda y el temor de que esta nueva insensatez fuera a convertirse en otro pantano para Estados Unidos como en su momento lo fueron Vietnam o Irak.
Irán, por supuesto, tiene su parte de responsabilidad en este conflicto. Para el ministerio de Europa y Asuntos Extranjeros de Francia, las luces de alerta sobre el programa nuclear del país del Golfo Pérsico se encendieron en 2002, tras descubrirse dos centros nucleares sin registro internacional: el de Natanz, al sur de la capital Teherán, dedicado al enriquecimiento de uranio, y la planta de agua pesada en Arak, al suroeste de la capital.
Ese fue el inicio de otra serie de hallazgos, como las centrifugadoras para enriquecer uranio al punto del arma nuclear, que de acuerdo a los expertos apuntaban sin equivocación a la fabricación de armas atómicas, sin olvidar otras instalaciones o el programa de misiles capaces de portar cabezas nucleares.
El gobierno iraní puso trabas a la supervisión de su programa nuclear por parte de la comunidad internacional, representada por la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA), y mantuvo en marcha su programa, lo que ha mantenido la más que sospecha de que ese programa ha seguido y tiene un fin bélico.
La alerta ha sido mantenida, además, por Israel, que ve en Irán a su peor enemigo, así como muy probablemente el único freno para evitar que el país israelí se convierta en la única potencia de esa región, algo verdaderamente difícil de conseguir por las fortalezas de diverso tipo que tienen los países de la zona.
La llegada a la Casa Blanca de quien pretende revivir viejas glorias estadunidenses, junto a un primer ministro israelí sostenido por el fundamentalismo religioso judaico, más la persistencia iraní en su programa nuclear, tarde o temprano tenían que colisionar y esto sucedió el 28 de febrero pasado.
Pero el régimen islámico iraní no se ha desmoronado, como creía Estados Unidos al asesinar al líder Alí Jamenei, máxima autoridad política y religiosa, el segundo que ha tenido Irán desde la caída del régimen del Sha en febrero de 1979, lo cual se explica por la cohesión política e ideológica del régimen, o dicho en otras palabras, porque ha alcanzado el nivel de institucionalización.
Acabar con las cabezas de una institución de ninguna manera garantiza el fin de esa institución. Lo mismo sucede con una institución política, religiosa y hasta delictiva, pues tienen sus propios mecanismos que garantizan su supervivencia más allá de sus figuras.
Ahora la Asamblea de Expertos, el cuerpo religioso deliberativo y toma de decisiones se perfila a elegir al hijo del asesinado Ali, Mojtaba Jamenei, como sucesor del asesinado líder supremo.
El nuevo dirigente máximo ha sido descrito como un poder tras el trono, con años de adquirir y ejercer su influencia a lo largo y ancho de todas las instituciones políticas y religiosas iraníes.
En principio, debido a la falta de información, a Mojtaba se le liga con sectores duros, y a pesar de su formación religiosa, no ostenta el rango máximo de ayatola, que si tenían sus dos antecesores.
El régimen no se ha desmoronado, y ha atacado intereses estadunidenses en países de la región, una demostración más que de fuerza, de desafío, mismo ha sido respondido puntualmente por Estados Unidos.
En fuerza militar es indudable la superioridad estadunidense, pero la actitud desafiante iraní abre el escenario a un tipo nuevo de resistencia, donde pueda precisamente hacer eso: resistir.
Tal resistencia podría obligar al envío de tropa y abrir un escenario que Washington teme y que ya vivió con fracaso en Irak y antes en Vietnam, y que tendrá su mejor medición en las próximas elecciones legislativas estadunidenses.
Mientras los mercados petroleros se muestran inestables. Con precios del crudo con tendencia al alza y pronósticos de llegar y rebasar los cien dólares por barril.
El uso de la fuerza, piedra angular de la actual doctrina de seguridad nacional estadunidense, necesita de la inteligencia para llegar al éxito. Y el uso de la inteligencia necesita tiempo para ofrecer resultados, lo que la impaciencia estadunidense no parece tener.
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