En la apariencia, México le resulta al actual gobierno de Estados Unidos más difícil de doblegar que a otras naciones, aunque existen varios elementos de alarma, en particular la baja calificación del desempeño del actual gobierno del norte que le urge a mejorar su imagen, así como la evaluación del TMEC.
De entrada tenemos que ver el caso de Venezuela, donde el secuestro de Nicolás Maduro y su enjuiciamiento en una corte estadunidense no ha significado la caída o algún cambio en el régimen bolivariano, el cual sigue acosando a la oposición, como el allanamiento, robo de objetos y posterior destrucción el pasado viernes seis, de la casa del opositor Leopoldo López, según denuncia de la esposa de este, Lilian Tintori, y que se suma a dos casos similares ocurridos el 20 y 25 de febrero.
Ni que decir de Irán, donde el presidente estadunidense Donald Trump expresó su deseo de que el nuevo líder máximo de ese país pasara por su aprobación previa, en busca de alguien dócil a sus designios, como todo hace suponer sucede con la venezolana Delcy Rodríguez, quien desde que reemplazó a Maduro, ha aprobado la Ley de Hidrocarburos y por el mismo camino va la nueva Ley Minera, permisiva con las compañías foráneas, en particular las estadunidenses.
Pero en lugar de un nuevo líder dócil, Irán sigue el camino del enfrentamiento sin señales de cuándo se le agotarán los misiles o los drones, mientras los mercados financieros y el petrolero siguen inestables, situación que desinfla la ofensiva de Israel y Estados Unidos contra la nación islámica.
En el caso mexicano las acciones para evitar el paso de migrantes sin documentos rumbo al norte, la imposición de aranceles a naciones sin acuerdo de libre comercio señaladamente China, así como la cooperación para el combate al narcotráfico, ejemplo del que deriva la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, no se ven suficientes a los ojos del norte.
Con el inicio de las reuniones para la revisión del TMEC, el tratado trilateral de comercio que involucra a México, Estados Unidos y Canadá ¿que más quiere Washington?
La primera respuesta es precisamente presionar con la mira puesta en ese documento, pero no es lo único. El promedio de encuestas sobre la opinión ciudadana de la gestión de Trump realizado por The New York Times cada día, sigue mostrando cifras negativas, con 55 por ciento bajándole el pulgar y 41 por ciento aprobándolo, e inclusive los primeros sondeos tras los ataques a Irán tampoco le fueron favorables, situación que en conjunto amenaza la mayoría del Partido Republicano en el Congreso.
En ese marco apresar, extraditar y aún la muerte de jefes del narcotráfico en México, por más encumbrados que sean, no bastan para recuperar la débil imagen del mandatario que el 14 de junio cumplirá 80 años de edad.
Habiendo acostumbrado a sus electores a escenificaciones de fuerza, nada mejor que una intervención tipo Hollywood contra los “malos narcotraficantes”, pero no por soldados, marinos o guardias nacionales mexicanos, sino por sus muchachos marines, o bien acabar un lugar de elaboración de drogas mediante misiles.
Esto es lo que el gobierno mexicano ha rechazado una y otra vez, pero conforme se acerquen las elecciones legislativas estadunidenses y más pronto, la revisión del TMEC, esas operaciones podrían volverse una moneda de cambio para mantener ventajas comerciales.
El gobierno mexicano debe ver con atención que su homólogo estadunidense camina varios pasos adelante. La intervención de fuerzas militares estadunidenses y ecuatorianas contra un campamento de una facción disidente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) dedicada al narcotráfico, cerca de la frontera con Colombia, podría ser el modelo de lo que desea Washington y México rechaza.
Por ahora el llamado Escudo de las Américas suma a gobiernos ideológicamente afines a la Administración Trump, y haber dejado fuera a Brasil, Colombia y México muestra la creación de dos bandos, donde el desnivel desde el punto de vista económico es obvio cuando se compara a esos tres países con la oncena de gobiernos de derecha, pero ya no cuando se le suma Washington a estos.
¿Hasta dónde podría llegar el bando de derecha? Desafortunadamente tal situación no depende de México, cuya política de enfrentamiento con gobiernos ideológicamente diferentes parece haber sido un gran error. En el continente, nuestro país ha perdido respeto por esa política.
Hacer concesiones a Washington para contenerlo sin darle lo que quiera tiene un tope, y si bien es cierto que el gobierno Trump está contra el reloj, México no puede jugar solo esa apuesta.
j_esqueda8@hotmail.com