Los descubrimientos del físico Albert Einstein siguen sorprendiendo a los seres humanos de estos tiempos. Quizás porque poco a poco se ha ido entendiendo el impacto de sus contribuciones científicas. Einstein formuló su teoría general de la relatividad en 1915, y la usó para explicar ciertos fenómenos del universo. Él mismo se sorprendió cuando, a través de sus ecuaciones, observó que el universo era inestable. El cual podía colapsar o expandirse. Para superar esto introdujo un término que llamó: constante cosmológica. Se mostró reticente a usar este término, porque sentía que destruía la belleza de sus ecuaciones, pero cuando lo hizo le proporcionó un modelo estático del universo. Sin embargo, en 1932, tras descubrirse que el universo se estaba expandiendo, rechazó la constante, calificándola como el mayor error de su vida. Curiosamente el término ha vuelto a surgir. Los astrónomos han descubierto que la expansión del universo no se está ralentizando como se predijo, y parece que la constante cosmológica de Einstein es necesaria para explicar este fenómeno.
Otro de los descubrimientos de Einstein acaparó titulares en los diarios de mayor circulación, a finales de la década de 1990. Previamente, en 1932, Einstein predijo una nueva y exótica forma de materia. La cual tardó hasta 1995 para ser comprobada experimentalmente. Los científicos crearon en el laboratorio por primera vez, una materia un tanto exótica, llamada: condensado, la cual sigue generando un enorme interés, en la comunidad científica.
Sin duda alguna que una de las mayores contribuciones de Einstein es la formulación de la teoría de la relatividad general, la cual ofrece una explicación sobre la gravedad, que como es coloquialmente sabido, es aquella fuerza invisible de atracción que sentimos, y que actúa sobre los cuerpos que tienen masa. Esta fuerza atrae los cuerpos hacia el centro de la Tierra. Einstein sugirió, que la gravedad era espacio curvo, un concepto que no podíamos ver y que solo podíamos comprender mediante matemáticas. Sin embargo, ha sido una teoría asombrosamente precisa y hermosa, que explica muchas cosas que la teoría de la gravedad de Isaac Newton no puede explicar. La teoría de la relatividad general permite dilucidar, los movimientos de cuerpos dentro del sistema solar y aún más allá. Esta teoría ha ayudado a los seres humanos a comprender la creación y la evolución del universo.
Una de las predicciones más extrañas que surgieron de la relatividad general fue lo que hoy llamamos agujero negro. Al principio, Einstein y otros observaron que, según la relatividad general, un objeto esférico como una estrella tenía una singularidad a una distancia finita del centro. Esto significaba que si toda la masa de la estrella se comprimiera de alguna manera hasta ese radio, se producirían cosas extrañas. Uno de estos extraños fenómenos fue que la luz no saldría del agujero negro. Algunos astrónomos en Inglaterra, se dieron cuenta que, si un objeto cercano no estaba exactamente alineado con un cuásar distante, aparecerían dos o quizás tres imágenes ligeramente distorsionadas del mismo, en lugar de una sola imagen ampliada. Predijeron que podría tratarse de una lente gravitacional. En resumen, observaron que las dos imágenes eran, en realidad, el mismo objeto. Este fenómeno también podía ser explicado con la teoría de la relatividad formulada por Einstein.
Otra contribución importante de Albert Einstein fue la que hizo en el año 1924, cuando publicó un artículo basado en una carta que había recibido del físico hindú Saryendra Bose. En este artículo se presentaba una interesante formulación de un nuevo tipo de estadística, conocida ahora como estadística de Bose-Einstein, la que es ahora una herramienta fundamental en física moderna. Como resultado de este trabajo, Einstein realizó posteriormente una predicción notable sobre el comportamiento de la materia a temperaturas extremadamente bajas. Ambos predijeron lo que hoy se conoce como: superfluidez.
Una de las grandes contribuciones de Einstein a la mecánica cuántica. Previamente, esta teoría surgió en el año 1900, cuando el físico Max Planck, encontró la solución a un problema que llevaba años inquietando a los físicos: la emisión de radiación de un objeto caliente. Planck probó un enfoque radicalmente diferente, basado en la idea de que diminutos, osciladores, emitían radiación en fragmentos minúsculos o paquetes de energía. Se refirió a estos paquetes como: cuantos. Aunque su idea explicaba el fenómeno a la perfección, pocos la tomaron en serio. Era demasiado radical. Einstein, quien entonces trabajaba en una oficina de patentes, analizó detenidamente el enfoque de Planck y se dio cuenta de que se trataba de un avance significativo. Entonces extendió la idea a la radiación misma, afirmando que la luz y otras formas de radiación estaban compuestas de partículas, posteriormente llamadas: fotones. En resumen, la luz era a la vez partícula y onda, y utilizó la perspectiva corpuscular para explicar un fenómeno descubierto unos años antes: el efecto fotoeléctrico. Antes se había demostrado en laboratorios, que cierta cantidad de electrones se emiten, sobre la superficie de un metal, cuando la luz incide sobre ella. Sin embargo, solo ciertas frecuencias producían estos electrones, la energía de estos, no dependía de la intensidad de la luz, sino únicamente de su frecuencia. Einstein supuso que la luz estaba compuesta de fotones que impactaban contra los electrones del metal y los liberaban. No obstante, se requería una energía mínima para liberarlos. Por la explicación de este fenómeno, le otorgaron el Premio Nobel de Física en el año 1921.
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