En muchos hogares de nuestro país niñas, niños y adolescentes (NNA) crecen en un entorno donde lo digital no es complemento, sino parte de su vida cotidiana. Aunque existe polarización de opiniones entre personas cuidadoras de las infancias, que pueden o no estar de acuerdo, el uso de tecnologías y conectividad entre NNA es una realidad, así como los peligros que existen.

El Internet abre puertas al conocimiento, la creatividad y la comunicación; pero también expone a riesgos que no siempre son visibles de primera mano. Hablar del uso de redes sociales en la infancia no es solo un tema tecnológico, es, sobre todo, un asunto de derechos humanos.

El principio del interés superior de la niñez, reconocido desde UNICEF y en la Convención sobre los Derechos del Niño, establece que todas las decisiones que involucren a niñas, niños y adolescentes deben priorizar su bienestar, desarrollo integral y protección. Esto implica que el acceso a internet debe garantizarse de forma segura, informada y acompañada, equilibrando el derecho a la información y participación con el derecho a la protección frente a cualquier forma de violencia.

Las cifras muestran la magnitud del desafío. En México, el INEGI reporta que más del 70% de la población infantil y adolescente es usuaria de internet, lo que evidencia una alta exposición a entornos digitales (INEGI, 2023). A nivel internacional, UNICEF advierte que uno de cada tres usuarios de internet en el mundo es menor de edad, lo que convierte a este grupo en uno de los más vulnerables frente a riesgos digitales (UNICEF, 2021).

Entre los principales peligros se encuentran el ciberacoso, el grooming (acoso sexual por parte de adultos), la exposición a contenido inapropiado, la pérdida de privacidad y la captación por redes delictivas. Además, el uso excesivo de redes sociales puede afectar la salud mental, generando ansiedad, baja autoestima o dependencia digital.

Cuando una niña o un niño es víctima de violencia digital, no solo se enfrenta a un problema tecnológico, sino a una vulneración directa de sus derechos: el derecho a la integridad personal, a la privacidad, a la protección contra toda forma de violencia y a un desarrollo sano. El entorno digital —sin acompañamiento— puede convertirse en un espacio donde estas vulneraciones ocurren sin supervisión ni contención.

Por ello, el enfoque de derechos humanos obliga a mirar más allá de la prohibición. No se trata de limitar el acceso, sino de garantizar condiciones seguras para su ejercicio.

Proteger a las infancias en internet es una tarea compartida entre familias, instituciones y sociedad. Algunas acciones clave incluyen:
• Acompañar y dialogar sobre el uso de redes sociales, generando confianza.
• Configurar controles parentales y privacidad en dispositivos y aplicaciones.
• Enseñar a identificar riesgos, no compartir información personal y denunciar situaciones de violencia.
• Fomentar el uso equilibrado del tiempo en pantalla.
• Promover la alfabetización digital desde edades tempranas.

Desde la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Hidalgo (CDHEH), la protección de niñas, niños y adolescentes implica promover una cultura de prevención, capacitar a autoridades y acompañar a quienes enfrentan vulneraciones en el entorno digital. La defensa de los derechos humanos también ocurre en línea, y exige instituciones atentas a las nuevas formas de violencia.

Independientemente de los estilos de crianza, las infancias que suelen estar inmersas en el mundo digital necesitan ser acompañadas. El verdadero reto no es el acceso, sino la seguridad, la conciencia y la protección.

Garantizar el interés superior de la niñez en la era digital implica una pregunta clave: ¿estamos creando entornos donde puedan explorar, aprender y expresarse sin miedo? Porque proteger a niñas, niños y adolescentes en internet no es solo una tarea urgente, es una responsabilidad ética con su presente y con el futuro de nuestra sociedad.