Internet no es solo una plataforma; es un espacio narrativo que ofrece logros inimaginables. Mundos infinitos a un clic, bibliotecas borgianas de pasillos interminables, álbumes musicales para cada gusto posible. Videojuegos que simulan la realidad y ficciones que buscan reemplazarla.
Luchas sociales, amores nacidos en lo cibernético, y guerras cuyos campos minados no ignoraron la vastedad (y la capacidad de vulnerar en masa) de las redes sociales. Tan vasto es el mundo digital que era inevitable quedar marcados por el paso de un gigante de colosal extensión.
Pero, ¿no será que estamos cansados de imaginar? ¿No experimentamos, con cada avance tecnológico, una especie de abrumación existencial?
Quizá usted, lector o lectora, no sienta esta ansiedad provocada por la constante exposición a estímulos, ni las afectaciones psicoemocionales que conlleva. Si goza de esa ventaja, me alegraría mucho por usted. Sin embargo, al no haber podido concebir el impacto material de la digitalidad, nuestra forma de experimentar lo cotidiano ha mutado: ya no es la experiencia del individuo físico en su mundo físico, sino de ambos conviviendo y cambiando sinérgicamente en un entorno virtual.
Lo más probable es que usted sí esté afectada o afectado (infectado) por este estilo de vida que nadie vaticinó por completo; o por lo menos, nadie que recordara la naturaleza endeble del ser humano.
Esta idea, por supuesto, no es nueva ni exclusivamente mía. Alessandro Baricco la trabaja con mucho más conocimiento y virtuosismo en “Los bárbaros. Ensayo sobre la mutación”, obra que alimentó en mí esa sensación de globo a punto de estallar. La traigo aquí como un recordatorio: otros también lo han sentido y me temo que va en aumento.
Proponer el cansancio ante la imaginación puede sonar atrevido. Pero Internet es muy profundo si lo imaginamos como un abismo, o infinito si lo asimilamos como el universo. En cualquier rincón de su territorialidad encontrará la respuesta a cualquier pregunta. El lenguaje, el deseo, los principios y la moral se han adaptado a esta nueva modalidad de vida.
¿Qué más falta por imaginar? ¿Qué otras necesidades delegaremos a la tecnología, como ya lo hemos hecho con el arte, la recreación o la compañía? ¿Cuándo explotará esta vena hinchada de distracciones que nos asfixia la garganta y los pensamientos?
Inimaginable… porque así será la concepción de los atrofiados ante el destino.
P.D.
Esta vez no abordé el tema de la responsabilidad, pues pienso que los medios y las herramientas responden evidentemente a cuestiones de dominación y manipulación… lo dejaré para otra entrega.




















