Millones de personas alrededor del mundo miran hacia nuestro país. Los estadios se convirtieron en escenarios globales; las calles, en puntos de encuentro entre culturas; y las ciudades anfitrionas, en vitrinas que mostrarán al mundo quiénes somos. Sin embargo, cuando se analiza el mapa completo, surge una pregunta fundamental: ¿cuál será el verdadero legado de este Mundial?
La respuesta no se encuentra únicamente en la infraestructura construida, en la derrama económica o en el número de visitantes internacionales. El legado más importante será la capacidad de garantizar que este evento ocurra con pleno respeto a los derechos humanos.
Los grandes eventos deportivos tienen un enorme potencial transformador. Este acontecimiento deportivo será el más grande de la historia, con 48 selecciones nacionales, más de 100 partidos y una audiencia estimada de más de cinco mil millones de personas.
Pero la experiencia internacional demuestra que la magnitud de estos acontecimientos también implica riesgos. La organización internacional Centre for Sport and Human Rights ha documentado que los mega eventos deportivos suelen generar desafíos relacionados con desplazamientos de comunidades, incremento de desigualdades, explotación laboral, afectaciones ambientales, restricciones al espacio público y vulneraciones a grupos históricamente discriminados.
Los ejemplos son numerosos. Durante los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016, diversas organizaciones reportaron desplazamientos de miles de personas derivado de proyectos urbanos vinculados a la preparación del evento. Por su parte, la Organización Internacional del Trabajo ha advertido que los grandes eventos deportivos pueden incrementar la vulnerabilidad de trabajadores temporales cuando no existen mecanismos adecuados de supervisión y protección. Asimismo, organismos internacionales han alertado sobre el aumento de riesgos relacionados con la trata de personas y la explotación sexual durante eventos masivos que atraen importantes flujos turísticos.
Ojo; estos datos no buscan desalentar el entusiasmo, sino todo lo contrario. Nos recuerdan que el éxito de un Mundial no depende únicamente de lo que ocurre dentro de la cancha, depende también de lo que sucede fuera de ella. Depende de la capacidad de garantizar ciudades accesibles para las personas con discapacidad. Depende de que las mujeres puedan disfrutar los espacios públicos sin violencia. Depende de que niñas, niños y adolescentes encuentren oportunidades para ejercer su derecho al deporte. Depende de que las personas migrantes, las comunidades indígenas, las personas afrodescendientes y la población de la diversidad sexual y de género sean recibidas con respeto y sin discriminación.
Desde esa perspectiva, resulta especialmente relevante el posicionamiento conjunto emitido por las Comisiones de Derechos Humanos de Ciudad de México, Jalisco y Nuevo León, al que se suma desde luego la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Hidalgo. Su mensaje es claro: el Mundial debe convertirse en una oportunidad para colocar la dignidad humana en el centro de cada decisión pública.














