En las filas de Morena se nota un hartazgo que raya en la decepción por las pobres maneras en las que dos de sus corcholatas, la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, y el canciller, Marcelo Ebrard, han manejado sus aspiraciones presidenciales.
Y es que sus maneras se alejan totalmente de la vara —altísima vara— que dejó Andrés Manuel López Obrador. Poco o nada se parecen al presidente. Por otro lado, el secretario de Gobernación, Adán Augusto López, se ha manejado con una inteligencia plausible, muy similar a las discretas pero contundentes formas de su paisano.
Esto puede cambiar, y muy para bien del secretario de Gobernación, luego del oficial “destape” que él mismo ejecutó el pasado 8 de marzo en una entrevista dada al medio El Informador.



























