Contrario a lo que el presidente Trump parece creer, que una economía importe más de lo que exporta no es algo negativo. De hecho, refleja una capacidad de consumo fuerte que alcanza para adquirir al mercado local y sobra para comprarle al resto del mundo. Aún más, si esas importaciones son para invertir y mañana producir más, ¡pues mejor!
Lo complicado de importar mucho, es conseguir las divisas (la moneda extranjera) para pagar esas importaciones. Lo interesante es que, tradicionalmente, el único país al que no le preocupaba mayormente conseguir divisas era a los Estados Unidos, dado que las reservas internacionales del resto del mundo están en dólares norteamericanos (USD) y los Bonos del Tesoro eran considerados los activos financieros más seguros del mundo… hasta que Donald Trump regresó a la Casa Blanca.
Más allá de filias y fobias, ha sido tan caótica y carente de sustento la política de aranceles de EE.UU. que ya es común ver a los mercados zarandear a Washington, el dólar depreciarse respecto al resto de las monedas, Trump perder popularidad y a los Estados Unidos dejar de ser percibidos como un socio confiable, al grado que cada vez más inversionistas busquen activos seguros distintos de los Bonos del Tesoro (algo impensable en enero).
A manera de ejemplo, muchos inversores han optado por refugiarse en el oro, ante la desconfianza que genera la política de Trump. Tal ha sido el aumento por la demanda del oro que en los mercados internacionales su cotización rondó, al cierre de abril, los $3,200 USD por onza cuando, al inicio de 2025, su precio era del orden de los $2,600 USD.
Creo que los norteamericanos deberían preocuparse menos por el desempeño de la economía china (que tiene sus propios achaques) y hacerlo, en serio, por lo que se cocina en su propia casa. Como dijera célebremente James Carville al fragor de la campaña Clinton-Bush: “It’s the economy, stupid!”.




























