Dentro del fantástico mundo que prometen alcanzar los funcionarios en turno, existen propuestas que ilusionan más que otras, será tal vez por la falta que hacen o porque parecen más viables en un contexto político que suele priorizar intereses personales sobre los sociales.
El Programa de Vivienda para el Bienestar (PVB), una iniciativa de la presidenta Claudia Sheinbaum, surge como respuesta al gran problema de vivienda que atraviesa nuestro país, un mal que combina la carencia, el abandono y el modo de desarrollo de los hogares mexicanos. Se fijó la meta de un 1,100,000 viviendas para el 2030, al final del mandato de la ejecutiva federal, una cifra que pesa y atestigua la desatención que ha tenido este tipo de desarrollos en sexenios anteriores.
Ahora bien, este ambicioso proyecto se apoya de instituciones como Infonavit, Fovissste y unas cuantas más que facilitarán, según, créditos y escrituras de casas recién construidas, en problemas legales o que hayan caído en el abandono. Para Miquel Adrià, arquitecto español a cargo del festival de urbanismo Mextrópoli, México tiene los elementos necesarios para alcanzar esta meta, existen antecedentes de iniciativas que se expandieron por todo el país y sirven de referencia a esta que acaba de arrancar. Lo cierto es que por factores cotidianos, como la corrupción y el nepotismo, propuestas como ésta han quedado en la mera ilusión, en discursos que prometen pero no siempre cumplen.
La búsqueda de estos proyectos no es nueva, desde años atrás universidades e interesados en el tema han venido reclamando este tipo de propuestas, una estrategia habitacional que solucione problemas afines al habitar, movilidad y la ciudad. El Centro Urbano Presidente Miguel Alemán (CUPA, 1949) y el Conjunto Habitacional Nonoalco Tlatelolco (1964), ambos en la Ciudad de México, testifican la necesidad de vivienda que comenzaba a enfrentar la capital federal en esos años. En Puebla, Blas Chumacero planteó la Unidad Habitacional La Margarita, inaugurada en 1979 con poco más de 6,000 viviendas; cine, tiendas, parques y servicios conformaron la propuesta inicial.
Actualmente la visión cortoplacista con la que se desarrollan los nuevos complejos de interés social contrasta con la planificación de los de décadas atrás. Recientemente se reinauguró la alberca del CUPA, la cual fue concebida desde un principio por su arquitecto Mario Pani, es decir, los desarrollos habitacionales eran planeados desde la totalidad de las necesidades, no solo por ofrecer guarderías, misceláneas, estéticas, parques y hospitales, sino que también el pasar de los años hicieron de estos complejos unos oasis urbanos, viviendas dignas en medio del tumulto de la ciudad.
186,000 viviendas es la meta que se propuso el gobierno para este año, una cifra que sin duda ilusiona a las constructoras ganadoras de licitaciones a la culminación total del plan. Si bien la falta de vivienda es el problema central, es también la punta del iceberg, a este acompañan diversas cuestiones que sin duda deben considerarse; teniendo en plena ciudad cientos de casas vacías, obras abandonadas y un sinfín de oportunidades (si así se les quisiera ver), algunos programas de vivienda han optado por posicionarse en las periferias, alargando trayectos en la ciudad que absorben buena parte del tiempo de sus habitantes.
Alcanzar este plan nacional no solo aliviaría cierta parte del problema, sino que además ilusionaría a la ciudadanía decepcionada con desarrollos ajenos a sus necesidades reales. He aquí una gran oportunidad, un rayo de esperanza en medio de las malas noticias que aquejan a nuestro país. El programa de vivienda debiera priorizar esfuerzos en los criterios arquitectónicos, urbanos y sociales a emplear, en lugar de la presumible cantidad que, sin duda, tanta falta hace.
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