Recientemente, el tema de la gentrificación estalló en diversas ciudades de nuestro país, siendo en la Ciudad de México donde más resonó dicho fenómeno, mismo que abre la puerta al debate sobre que, más allá del grave problema de vivienda que atraviesa nuestro país, también deben contemplarse aspectos tales como la conservación de obras arquitectónicas y de la multiculturalidad que se desprende a partir de la misma circunstancia.

En diversas colonias de la misma capital federal el fenómeno parece haber sido positivo en cuanto a la conservación del patrimonio arquitectónico se refiere, menciona el arquitecto Felipe Leal, miembro del Colegio Nacional, pues algunos de estos, al no formar parte Ley Federal de Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, que solo contempla inmuebles del siglo XVI al XIX, su restauración corre mayoritariamente por capitales privados que ven en dicho edificio la oportunidad de regenerar vivienda y conservar su aspecto original. Expertos en la materia comentan que lo que sucede en estas colonias propiamente gentrificación no es, pues son colonias históricamente exclusivas y costosas, solo que, por circunstancias tales como la creación de nuevas áreas de interés urbano o afectaciones que dejó, por ejemplo, el terremoto de 1985, los edificios cayeron en el abandono, haciendo que años más adelante todo ese glamur que ostentaban se dividiera en vecindades con visible falta de mantenimiento.

En un contexto donde edificios y/o sus ubicaciones pertenecen a la lista de patrimonios mundiales, la extensa lista de requisitos para su restauración desalienta a sus propietarios, quienes ven su inmueble cayéndose poco a poco mientras consiguen el capital necesario para su conversación. Mientras esto sucede, en otras zonas de la ciudad se edifican obras que dicen solventar el problema de vivienda, solo que estos se encuentran en las periferias, desconectados de servicios propios de la ciudad, una solución a medias que no hace del todo ciudad, pues, de acuerdo con el arquitecto Leal, en los centros hay “mucha tierra ociosa” que no está, aparentemente, en los radares de oportunidad para las políticas públicas.

En una reciente plática titulada “El aprendizaje de la soledad: De Daniel Defoe a Michel Tournier”, el escritor Juan Villoro, miembro también del Colegio Nacional, hace referencia a la otredad y a la interacción humana, algo que detona el autoconocimiento y que “alimenta lo propio”. En esa idea la gentrificación no tendría que limitarse ni mucho menos prohibirse, es algo natural de nuestra condición humana y que más allá de los estragos que se le relacionan con la vivienda, su desarrollo permite múltiples acciones que enriquecen a toda ciudad y a quienes la habitan.

Podemos decir entonces que el estruendo que causaron las recientes marchas contra la gentrificación iban principalmente orientadas a la falta de vivienda asequible en zonas céntricas de la ciudad, apoyando su demanda con un fenómeno que dejó ver una incompatibilidad con lo ajeno. La exigencia tendría que mantenerse firme a la necesidad principal, el derecho de todas y todos por acceder a vivienda digna, sin necesidad de manchar esta justa demanda con el rechazo a lo distinto.

Este rechazo sucede también en otras partes del mundo, un acto que muchos critican y señalan, pero una vez que sucede en su contexto expresan la misma negación. Se deberían considerar entonces los mismos argumentos positivos que damos sobre nuestros paisanos en el extranjero con quienes, con o sin papeles, vienen a nuestro país, pues es algo que siempre ha sucedido y que, guste o no, seguirá sucediendo.

 

IG: jp.arquitextos

Correo: jp.arquitextos@hotmail.com

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