El vapor se eleva lentamente y llena la cocina de un aroma que remite a casa. Entre ollas grandes, hojas húmedas y masa tibia, Deisy Caleco trabaja como lo ha hecho por más de 20 años: con paciencia, con oficio y con una historia familiar entre las manos. Para ella, hacer tamales no es una temporada ni una fecha marcada; es una forma de vida.

Su cocina, ubicada en San Bernardino Tlaxcalancingo, se transforma cada madrugada en un taller donde la tradición se renueva. Ahí, el maíz criollo se convierte en masa desde cero, la manteca es casera y cada receta se prepara con el mismo cuidado con el que se transmite un conocimiento antiguo. Nada es apresurado. Nada es improvisado.

En su caso, la herencia no se guarda en cuadernos: se aprende mirando, haciendo y repitiendo.

Sus creaciones hablan de raíz, pero también de exploración. En su mesa conviven tamales de pescado, huitlacoche con chicharrón, molleja, quelites o lenteja con salsa verde. Sabores que se alejan de lo común sin perder la esencia: masa, tiempo y cariño. La innovación, para Deisy, nace del respeto por los ingredientes y por la tierra.

Su cocina se nutre de plantas, flores y semillas, e incluso de ingredientes poco habituales como chapulines o gusanos, integrados con naturalidad a una propuesta profundamente tradicional.

El trabajo es intenso. En los días de mayor producción, Deisy y su familia elaboran miles de tamales, siempre frescos, siempre del día. El volumen no cambia su filosofía: cada pieza debe mantener la calidad y el cuidado artesanal.

Entre los tamales dulces, uno destaca por su color y simbolismo: el de cempasúchil con mermelada de guayaba. Aunque la flor suele asociarse a otras fechas, en su cocina florece cuando la receta lo pide. Su cuñada, floricultora, la orienta sobre los tiempos de cultivo para contar con cempasúchil fresco, recordando que la tradición también se adapta y se reinventa.

Así, Deisy Caleco sigue haciendo del tamal algo más que un platillo. En cada olla hay oficio, en cada hoja hay memoria y en cada receta, una historia familiar que continúa cocinándose a fuego lento.

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