Bajo el sol del mediodía y el estruendo del metal sobre el asfalto, Atlixco revivió la procesión de los Engrillados. Esta tradición, con más de 110 años de historia, reunió este 2026 a 35 hombres entregados a la penitencia.
La jornada inició en el Exconvento de San Francisco. Participantes de entre 18 y 75 años se despojaron de sus ropas y cubrieron sus rostros para mantener el anonimato de su sacrificio.
Con ayuda de terceros, se colocaron pesadas cadenas en el pecho y los tobillos, cargando en total hasta 90 kilos. Finalmente, clavaron espinas de sotol en sus brazos y piernas para completar su indumentaria de fe.
En punto de las 12:00 horas, el contingente partió por las calles adornadas con alfombras de aserrín. Algunos caminaron descalzos, arrastrando el hierro durante un trayecto de cinco kilómetros.
Para muchos, este acto no es nuevo; hay quienes cumplen 45 años participando ininterrumpidamente. Pese al dolor físico y el peso extremo, los penitentes aseguran encontrar una profunda paz espiritual en el trayecto.
Esta práctica se mantiene como uno de los pilares de la Semana Santa en Puebla. Lo que inició hace más de un siglo, hoy sigue vigente como la máxima expresión de agradecimiento y devoción en Atlixco.
























