El domingo nublado no impidió que los migrantes, reporteros y algunos policías estuvieran en el lugar acordado. La línea divisoria entre México y Estado Unidos no servía de mucho, en ambos lados las personas gritaban las mismas consignas: ¡aquí, allá, la lucha seguirá! A lo lejos, viendo desde la zona mexicana, una bandera guatemalteca ondeaba con entusiasmo junto a mantas en las que se podía leer: “Refugees welcome here”. De este lado, la caravana centroamericana se organizaban para cantar los himnos de cada país que la conformaba: Honduras, El Salvador, Guatemala y Nicaragua. Cómplices y migrantes alzaban pancartas con el enunciado: “Transito libre. Alto a las deportaciones”. En el cielo, dos enormes y coloridos papalotes atestiguaban las acciones. Las consignas y gritos de la caravana nunca cesaron, la más repetida era: ¡Somos pueblos sin fronteras, ¿por qué nos matan?, NI ILEGALES, NI CRIMINALES, SOMOS TRABAJADORES INTERNACIONALES, somos la esperanza de América latina! De esta manera migrantes, mexicanos, gringos y artistas de la región, llenaban de música, gritos y bailes la frontera en las Playas de Tijuana.

Al mismo tiempo, medios de todo el mundo hacían enlaces en directo con sus centros de información y entrevistaban gente por todos lados, había micrófonos de: CNN, Telemundo, Univisión incluso de la BBC, de algún medio oriental y las televisoras mexicanas Televisa y TV Azteca. Todos querían ser testigos del suceso. La noticia de la caravana centroamericana tenía un mes de recorrido cuando desde Tapachula comenzó el mismo. Llegados a la Ciudad de México, el presidente Trump amenazó con militarizar la frontera y pidió al gobierno mexicano que no dejará avanzar al contingente, quizás también por eso muchos de los gritos iban en su contra: ¡Fuera Trump! se pedía.

En un momento dado, una canción de reguetón hizo bailar a propios y extraños en una rueda improvisada que hizo olvidar las nacionalidades, la letra hablaba de los problemas que viven los migrantes, los centroamericanos todos, cantaban la canción, y hasta el más purista de los intelectuales musicales tuvo que escuchar, pues son melodías como estas, con las que todo cobra sentido.

Luego, a ritmo de jaranas, “la bamba” fue entonada como un himno de identidad latinoamericana. Después del protocolo y los discursos formales, se decidió continuar con el programa, es decir, trasladarse al centro de Tijuana para repartir el alimento preparado y dar alojamiento a los migrantes.

Para esta tarea un restaurant vegano autogestivo apoyo, su nombre era “Enclave caracol”, que se encuentra frente al museo de cera, en una de las calles cercanas a la línea fronteriza, al trasladarse a ese sitio, un número mayor de policías esperaba a los centroamericanos, y aunque nunca hubo problemas, la advertencia de ser vigilados siempre se mostró. Los migrantes entraban en turnos al restaurant para recibir el alimento, mientras tanto los otros iban a dejar sus pertenencias en el lugar en el que serían alojados. El sol había salido, el ambiente era cordial, sonrisas y niños jugando era algo notorio. De un momento a otro comenzaron los discursos, en donde más de 10 organizaciones civiles destacaban la lucha por los derechos humanos y la consigna de que “ningún ser humano es ilegal”, “alto a la militarización de la policía migratoria en México”, también la comunidad LGBT tuvo espacio para demandar y pronunciar sus problemas para el papeleo en la búsqueda de Visas.

En Tijuana la caravana migrante centroamericana no llegó a su fin, mas bien, inició una nueva etapa en la búsqueda de una mejor calidad de vida, con más garantías, buscando asilo político y la integración como ciudadanos en un país que no es el suyo, pero en el que sin embargo, desean trabajar, respetar y querer como tal. ¡Gracias Tijuana! ¡Gracias México! ¡Arriba Latinoamérica! Se pudo escuchar.

artodearte@gmail.com

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