En innumerables ocasiones, con gente totalmente heterogénea ya sea por su profesión, condición social o económica. He escuchado y observado en las respuestas y actitudes que adoptan o tienen en torno a un mismo hecho, que podría aventurarme a decir que la educación en nuestra sociedad está cambiando. Esto como consecuencia y en gran medida a que los valores de hoy tiene una concepción distinta a la que nos enseñaron nuestros padres en otra época. Circunstancia que nos hace pensar que los valores están desapareciendo. Opinión con la que definitivamente, no coincido.
Justifico, si bien es cierto, nos ha tocado vivir en una sociedad cuya aspiración principal es el éxito y el dinero fácil y en abundancia. También lo es, que los valores personales, no están ligados ni peleados con las necesidades materiales de cada quien.
Claro debemos tener, que los valores y la educación es enseñada y aprendida en nuestro hogar. De ahí la importancia que hagamos un ejercicio de reflexión que nos lleve a determinar cuáles son los valores que tenemos que enseñar a nuestros hijos y sobre todo que ellos los aprendan y los comprendan. Sé que resulta un poco complicado, pues en ocasiones al ejercerlos, nos damos cuenta que no definimos igual a los valores, ni les damos la misma importancia o prioridad. Es eso lo realmente difícil.
Por ello considero que debemos priorizar y partir de lo elemental de los valores como lo es la definición simple de lo qué es el valor, para luego hacer lo mismo, con cada uno de ellos. Y así seguir una misma línea en la educación familiar, sobre todo si tomamos en cuenta que los valores son una columna vital en ese importante trabajo.
Para todos es sabido que muchas de las cosas que aprenden nuestros hijos son por imitación. Ya sea bueno, malo o regular según lo queramos ver. Así que por esa razón debemos observar qué modelo les estamos ofreciendo a nuestros hijos, pues posteriormente lo veremos repetido en ellos. Sabemos que todo acto tiene consecuencias y que los padres somos responsables de ellas, no es el azar, el entorno, la televisión, los abuelos o la escuela a la que asisten. De nosotros depende algo tan importante como la educación en valores de nuestros vástagos.
Alguna vez escuché que, la educación de un hijo empieza antes de convertirnos en padres. Lo que me generó gracia. Sin embargo, con el pasar del tiempo me convenzo cada vez más de ello. Pues para poder educar a nuestros hijos, primero debemos estar bien educados y convencidos nosotros, para poderlos educar a ellos.
Los valores en general, son fundamentales para desarrollarnos y vivir en sociedad. Y es vital conseguir que estos se encuentren en armonía y sean entendidos y comprendidos de la misma forma por todos los miembros de la familia. Cuando menos con los que consideremos más importantes. Pues ellos proporcionan una directriz para saber hacia dónde encaminar nuestras metas y propósitos, que en consecuencia reflejan nuestros intereses, sentimientos y necesidades.
Sabemos que existen diferentes tipos de valores, no son mejores unos que otros. Cada persona y/o núcleo familiar tiene los propios y los jerarquiza. Lo importante es saber cuáles son y si están alineados de acuerdo a cómo nos comportamos en los distintos ámbitos. Hoy solo hablaré de los personales, que son indispensables para construir nuestra vida y estar en armonía con nuestros principios para alcanzar el éxito, el amor, la aceptación, la salud etcétera. Y de los familiares que normalmente provienen de la educación de nuestros padres, mismos que se convierten en principios y guías con las que conduciremos a nuestros hijos. En los que predomina la honestidad, la sinceridad, la armonía, la diversión, la constancia, la lealtad por citar algunos.
El no saber o no tener claro los elementos de los valores en cada uno de los miembros de la familia, puede ocasionar problemas en la educación de los hijos. Pues el enfoque que se da, es distinto. Por ello, lo primero es hablar en pareja y dialogarlo en el mismo idioma de los valores, su importancia y cómo los transmitiremos a nuestros hijos.
Nos tocó vivir en una sociedad que crea y justifica “anti-valores”, para conseguir éxito, aceptación, riqueza, poder o reconocimiento. Y emplea la premisa: “el fin justifica los medios”. Pero de nosotros depende no jugar con ellos, pues se nos pueden volver tarde o temprano en nuestra contra.
Para poder educar adecuadamente a nuestros hijos, concretémonos en los que consideramos principales. Aquí inicia nuestro trabajo. Ejercitándolos frecuentemente, enseñándoles dónde y cómo se presentan, cómo se consiguen y las satisfacciones que nos ofrecen. En suma… Ejercitarlos para un ultra maratón que es la vida misma.
Porque eso también es “Dar de sí, antes de pensar en Sí”.






