La fiesta de los toros representa una actividad económica trascendental si consideramos el movimiento que se genera ante un festejo taurino, lo mismo en el comercio que en el turismo. El complejo Val’Quirico es claro ejemplo de ello y se ha consolidado como referencia taurina durante febrero de cada año.

Y es que la empresa taurina de la vecina capital poblana “Protauro” ha encontrado en el festejo de febrero de cada año, un escaparate que deja una importante derrama económica para el municipio de Natívitas, al sur del estado de Tlaxcala.

La semana pasada en las instalaciones de ese lugar se presentó el cartel que se desarrollará el próximo 29 de febrero a las cuatro de la tarde, en donde partirán plaza Diego Ventura, Emiliano Gamero que viene de indultar un toro en La México, y el huamantleco Luis Pimentel, quienes matarán una corrida de rejones, tres procedentes de Zacatepec, y cuatro de Fernando de la Mora.

Casualmente, el año pasado, el portugués Diego Ventura se presentó en Val’Quirico después de haber indultado al toro “Fantasma” de Enrique Fraga en la Monumental Plaza México, situación que hoy repite el mexicano Gamero, pese a lo polémico del indulto de hace ya 20 días.

Es digno de reconocer que, para ese festejo, los Forcados de Teziutlán se “encerrarán” en la pega de los seis toros, lo que sin duda representará un compromiso importante para los teziutecos.

Como decíamos, ese festejo ya es referencia en el calendario taurino tlaxcalteca, y seguramente como cada año, recibirá a miles de visitantes no únicamente de Tlaxcala, sino de entidades vecinas como Puebla, Ciudad de México e Hidalgo.

El aroma y tradición de la fiesta brava tlaxcalteca se conjuga con la arquitectura representante de la toscana italiana que se trajo a Natívitas, lo que convierte la visita a ese lugar en una experiencia multisensorial.

Faltó torero

Dicen los que saben que el toro indultado el domingo cinco de enero en la Monumental Plaza de Toros México ciertamente era digno de ser reconocido con tal mérito; sin embargo, los que presumen de un conocimiento más agudo en materia taurina, advierten que fue exagerada la decisión de haberle perdonado la vida al cierra plaza de la ganadería de Piedras Negras a la que, por cierto, le fue reconocido su aniversario número 150 de existencia.

¿Pero quiénes saben más o menos en un espectáculo tan subjetivo como lo es el de la fiesta de los toros? Nadie lo sabe. Lo cierto es que el toro el domingo anterior fue un ejemplar de bandera que, hay que decirlo, encantó al público ante el regular juego que dieron sus cinco hermanos anteriores en un cartel que integró José Luis Angelino, Antonio García “El Chihuahua”, y Gerardo Rivera.

Y justamente fue el más joven del cartel el que se concedió el indulto, y digo se concedió, porque el torero se dio una coba como él solo, ya que apresuró y presionó al condescendiente juez de plaza para que otorgara tal premio a la ganadería, sin quizás merecerlo.

Aclaremos un punto, aun cuando el toro “Siglo y Medio” de Piedras Negras hubiera sido de indulto -que a mi parecer no lo fue-, le faltó torero. Se trató justamente de un joven matador que, con las ideas más claras, hubiera hecho un faenón de aquellos y, efectivamente, hubiera reducido las críticas ante un inmerecido indulto en la capital del toreo mexicano.

Es decir, el torero hizo ver poco el indulto concedido justamente una semana después de que, para no variar, se otorgó el indulto a un toro de rejones lidiado por el caballista mexicano Emiliano Gamero, aunque también tuvo su polémica.

En una declaración publicada en el prestigiado portal de noticias taurinas Al Toro México y firmada por Martín Banda, el mismo torero Gerardo Rivera relató: “De habérmelo ordenado el juez, yo lo hubiera matado sin lugar a dudas, y obviamente no se me hubieran ido las orejas porque lo había toreado muy a gusto y el público estaba conmigo”.

En una escena previa a concederse el indulto el domingo cinco de enero en La México, Gerardo Rivera simuló tirarse a matar, y digo simuló porque efectivamente esa nunca fue su intención, se notó, e insisto, se dio coba él solo, junto con los más de 100 asistentes que logró reunir de su natal Apizaco, gracias a tres autobuses que puso su administración para irlo a apoyar.

Que bien por Tlaxcala y por la fiesta de toros que se haya regresado a un toro al campo, si bien con los méritos reducidos, esto también habla “no tan mal” del espectáculo taurino ya de por sí vapuleado por los movimientos antitaurinos.

Sin embargo, hay que señalar que ante la crisis de bravura que existe en nuestro país a través de ganaderías que le han apostado más al toro manso, ejemplares como “Siglo y Medio” procedentes del campo bravo tlaxcalteca que dan un juego ciertamente bueno y emocionante para el público, serán fácilmente indultados por el público que últimamente va ya nada más a aburrirse a las plazas y se convertirá esto en algo como lo que han recientemente nombrado como “indultitis”.

Ya veremos qué tanto repercute en la carrera de Gerardo Rivera ese indulto, pues de momento no ha sido un triunfo que haya sido reconocido con un ciento por ciento de credibilidad a partir de las condiciones en las que se desarrolló y, para rematar, la verdad es que la faena careció de temple, arte, y paciencia.

Parecía que el torero tenía prisa por llegar al clímax de su actuación; recordemos una máxima de este ambiente, “las prisas son para los rateros…y los malos toreros”.

Escrito por: Gerardo Orta

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