Luis Manuel Vázquez Morales
Se ha puesto en tela de juicio la credibilidad de la religión, a tal grado que se ha quebrantado la relación entre las doctrinas y la conciencia de los fieles de tal modo que se cuestiona si la esperanza y la fe están a la altura de las exigencias del mundo contemporáneo. Pero es necesario aclarar que todas las opiniones e impugnaciones que descalifican el papel de la religión van sobre la institución y los hombres que predican la palabra por el mundo, mas nunca al dogma.
Mucho se ha criticado el papel que desempeña la religión en la sociedad actual, tan es así, que buena parte de lo que sucedido en el mundo tiene una causa religiosa. Aspectos positivos exaltan la fe, y los negativos, incluso peyorativos, han llevado a crear una serie de situaciones que lejos de enaltecer las creencias, llevan a los extremos la convicción humana para presentar una sumisión y manipulación ante el credo religioso como se ha visto a la virgen de Guadalupe.
La virgen de Guadalupe se ha convertido en un elemento primordial de la identidad mexicana desde que abanderó al movimiento insurgente de 1810. A pesar de que en diferentes momentos de la historia se ha cuestionado la veracidad de la epifanía, su imagen pasó a una dimensión sagrada donde es venerada por millones de devotos que año con año esperan el 12 de diciembre para visitar su santuario.
A la virgen se le define como la madre de los mexicanos cuyo culto se ha extendido a varios países de habla hispana, incluso algunos que no tienen como lengua el español. Su impacta ha cobrado tal magnitud que es una de las imágenes más veneradas es el mundo.
Este año su celebración será otra, no habrá grandes filas que irrumpan en la ciudad de México para llegar al Tepeyac. Este año el festejo será a la distancia, pero no por eso carecerá del valor e importancia, todo lo contrario, la devoción es tan grande que en cada casa en la que exista una imagen de la virgen, habrá algo que festejar.
La emergencia sanitaria no ha detenido el clamor de la conciencia nacional, la influencia del guadalupanismo está más viva y miles de fieles que han padecido la enfermedad, se han acercado no para encontrar salud, pero si a la espera de encontrar un momento de paz y consuelo.
En este sentido, sirvan de preámbulo estas palabras para compartir una experiencia religiosa, que lejos de contribuir a la crítica, permite reconocer que, a pesar de las censuras a la religiosidad popular, siguen muy latentes y con fuerza las convicciones y las creencias sobre la fe.
Hace tiempo recibí la llamada de una persona. Además de la sorpresa por este hecho, al escuchar una propuesta de índole religiosa, un choque de ideas hizo presa de mí, que por mucho rato solo escuche, sin digerir las dimensiones de la situación. “Maestro, quiero pedirle que me apoye en dar una explicación sobre la Virgen de Guadalupe en la iglesia de mi comunidad el 12 de diciembre”.
Más movido por la amistad que por el celo profesional, acepte sin dimensionar las magnitudes de aquel compromiso. La situación tenía como fundamento las palabras del sacerdote, quien les invitaba de manera expresa a conocer más sobre los fundamentos de la iglesia para revalorar sus creencias y fortalecer su fe, para hacer frente con fortaleza a los problemas de la sociedad actual.
Qué hacer, qué decir ante tales circunstancias y más cuando entran en juego una serie valores y principios morales, a partir de los cuales, no se puede ni mucho menos se debe cuestionar la fe de una persona ante el júbilo con el que año con año se conmemora aquella fecha, en la que miles de feligreses, sin importar las inclemencias del tiempo visitan con tal devoción el santuario guadalupano.
Con la convicción y responsabilidad social de un historiador profesional, se revisaron los estudios en los que se ha intentado explicar con un fundamento histórico la esencia del culto guadalupano.
Las conclusiones de antaño fueron latentes después de la lectura de los materiales en cuestión. En sí, los primeros frailes que llegaron a la Nueva España no mencionan tal acontecimiento, y más en una época en la que se está trabajando para la evangelización y consolidación de la religión católica en los indígenas.
Será hasta la segunda mitad del siglo XVI cuando en la Nueva España se hace latente una crisis ideológica en materia religiosa. En esta época se cuestionó la posibilidad de implantar la fe en una tierra en la que los hombres solo se ocupaban de cuestiones económicas, negando la posibilidad de un arraigo religioso como un elemento de cohesión social. Incluso, desde España se manifestaba la preocupación por el conocimiento y la difusión de las creencias religiosas de los indígenas, muy peligrosas para cumplir con la encomienda dada por el Papa a los reyes católicos.
Con tal convicción, a partir de estos momentos, muchos de los frailes escriben sus obras para mostrar que aun en tierras de infieles pueden surgir personajes avocados a propagar la palabra de Dios, modelos de santidad que consagran su vida para la salvación de las almas de los indígenas recién conquistados.
Ante esta situación, además de consolidar la evangelización entre los indígenas, se debía brindar a los criollos ese elemento de identidad para sentir el arraigo a la tierra que los vio nacer.
Con lo anterior como sustento, se pudo dar la presentación, en la que, con miradas ávidas e inquisidoras, las señoras de edad, con la Biblia bajo el brazo, acudían para saber algo más o confirmar lo que sabían sobre la Virgen de Guadalupe. Sin contratiempos se pudieron presentar algunos detalles sobre el contexto en el que se manifestó la epifanía mariana. Se aclaró que se debe precisar que desde siempre ha existido la confusión sobre la fecha en la que se apareció, la fecha en la que hace su presencia de manera documental y la fecha en la que inicia el culto como lo conocemos ahora.
Es importante hacer mención que José María Morelos y Pavón en los Sentimientos de la Nación de 1813, pide se instituya el día 12 de diciembre como la fecha para la celebración de la Patrona de la Libertad. Sin mayor problema se dio la descripción iconográfica de los elementos que conforman la imagen, tomando como referencia la pintura de Miguel Cabrera.
El COVID ha puesto al descubierto una serie de situaciones de toda índole, dependerá de la sociedad el alcance que tengan y el impacto que generaran en la vida cotidiana. Se han reconfigurado las concepciones de la familia y la educación, es la sociedad la que está experimentando una serie de cambios que traerán un nuevo orden social.
En la sociedad actual se requieren de una revalorización de los principios morales que sustenten la credibilidad social. Con o sin elementos religiosos es muy importante que se establezca un clima de respeto para la convivencia, que sin ampararse bajo la libertad de expresión se ataque deliberadamente las creencias de las personas. Lo más importe en cada una de las personas es saber que en lo que cree es aquello que la da una paz interior.
La pregunte es ¿Qué tan alejada estará la Fe?
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@LuisVazquezCar






