Por: el Psicólogo Carlos Muñoz

Y es que no me van a dejar mentir apreciados lectores, parte de la cultura del mexicano radica en la idea de que todo por servir se acaba, y que mientras no se haya roto, descompuesto o muerto, no tenemos por que darle mantenimiento, si acaso se remienda pero nada más, desgraciadamente eso incluye nuestra salud física y mental, basta solo con echarle una pequeña miradita a nuestras redes sociales, a nuestro círculo de amigos ya sea en el trabajo, la escuela o inclusive en la casa, para darnos cuenta que muchos de ellos presentan algún tipo de padecimiento relacionado con su salud mental, que no precisamente debería ser considerado como algo negativo, ya que en la mayoría de las ocasiones hacemos lo que podemos con las herramientas que tenemos, en dado caso que no tengas conocidos a tu alrededor que presenten dichas características, deberías considerar hacer introspección, porque igual y quien los presenta eres tú.

Esto no lo digo con el afán de prejuzgar a las personas, sino para que podamos darnos cuenta de lo común y evidente que es esto en nuestros días, y la manera en que lo hemos venido normalizando a tal grado de poder justificarlo; gran parte de estas afectaciones emocionales están relacionadas a diversas causas, como lo son: el ambiente, la carga de trabajo, los horarios y distancias de traslado, la situación económica, nuestros hábitos de sueño o alimentación, nuestra forma física, nuestra vida amorosa, nuestra relación con nuestro jefe, en fín, ponle el nombre que se te antoje; y gran parte de las enfermedades tanto a nivel físico como emocional, tienen como puerta de entrada los altos niveles de estrés que venimos soportando, siendo la ansiedad el número uno, por ello hoy le dedicaremos unas líneas a conocer como funciona el estrés en nuestro cuerpo y cómo poder gestionarlo de manera saludable.

Lo primero que necesitas saber es que el estrés no es ni bueno ni malo, lo que enciende las alarmas son los altos niveles que tolera o en ocasiones deja de tolerar nuestro cerebro, el estrés es una respuesta mental y fisiológica de nuestro cuerpo ante situaciones adversas o que demanden de mucha atención, todas las personas han experimentado en algún momento de sus vidas estas sensaciones estresoras, y hasta cierto punto eso es benéfico, ya que esto envía señales al cuerpo las cuales le indican que está vivo y que su supervivencia se ve amenazada, el proceso es simple y funciona así: cuando el cuerpo se siente en peligro libera ciertas hormonas, las cuales provocan que estemos más alertas, nuestros músculos se contraen y se tensan y se aumenta nuestro pulso y nuestra sangre se llena de oxígeno, todo esto para prepararnos para la batalla o la huida; para fines prácticos clasificaremos el estrés en agudo y crónico, y ya solo queda en ti que intentes identificar en cuál de los dos te identificas.

Agudo: Es un tipo de estrés muy fugaz, es decir, llega y desaparece rápidamente, regularmente este se puede sentir cuando tenemos alguna discusión, cuando estamos a punto de hacer algo un tanto peligroso, o cuando tenemos que frenar de golpe porque el auto de adelante también lo hizo, si te das cuenta, esto ayuda a manejar situaciones extremas, ¿Haz sentido alguna vez esta sensación?

Crónico: Éste a diferencia del agudo tiene la variante de que se estaciona por mucho tiempo a nuestro lado, y no desaparece, imagínate enfrentar esta sensación de rigidez en el cuerpo durante semanas, incluso meses o años, y tal parece que no desaparece, al contrario, aumenta cada vez más con las preocupaciones nuevas que se van sumando del día a día, afortunada o desafortunadamente nuestro cuerpo tiene la maravillosa capacidad de adaptarse a las adversidades, por lo cual, nos acostumbramos y normalizamos dichas sensaciones, o lo que es lo mismo, aprendemos a vivir con nuestro malestar, lo cual a todas luces no es nada saludable.

Como lo mencioné anteriormente el estrés es la puerta de entrada a diferentes padecimientos como pudieran ser: presión arterial alta, insuficiencia cardiaca, diabetes, obesidad, depresión, ansiedad, entre otras, y con las presiones diarias en ocasiones es muy complicado poder identificar que nuestros niveles de estrés andan por los cielos, de manera contraria, nuestro cuerpo es tan sabio que sin que tu se lo pidas te envía señales fisiológicas las cuales te pueden ayudar a identificarlo, estas señales pueden ser las siguientes: diarreas constantes o estreñimientos, problemas de la memoria, dolores y achaques frecuentes, dolores de cabeza, falta de energía, disfunciones sexuales, cansancio excesivo, dificultad para conciliar el sueño o por el contrario para despertar.

Si presentas alguno de estos síntomas de manera aislada probablemente no estés en peligro, sin embargo, si presentas uno o más y no desaparecen a lo largo de los días, podría ser una señal clara de que tal vez necesites visitar ayuda profesional, recuerda que tu termómetro del dolor es tu nivel de funcionalidad en la vida; muchas veces nos toca ser testigos de cuando una persona explota, y lo más curioso es que el motivo parece ser insignificante, es entonces cuando entendemos que no es el estímulo lo que te hace estallar, sino la acumulación de estímulos estresores durante mucho tiempo, también es importante aclarar que todos los cuerpos son distintos y cada uno tiene su nivel de tolerancia, de ahí la importancia del autoconocimiento.

Si deseas conocer más a detalle tus síntomas y la manera en como funciona tu mente, no dudes en consultar a tu profesional capacitado de confianza, si tienes alguna duda de lo visto en esta columna o bien te gustaría que escribiera de algún tema en particular las siguientes semanas, no dudes en compartir un mensaje en mis redes sociales, me encuentras como: @psicologocarlosmuñoz me agradará mucho leerlos e investigar para uds, esto lo hago con mucho cariño pero recuerda, puedo estar equivocado.

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