Cuando se habla de la percepción colectiva del color rosa, una gran parte de los pensamientos, van a imágenes de niñas vestidas de rosa, juguetes y cosas dentro del ámbito femenino.
El hecho de que el color este tan fuertemente asociado a la mujer, se remonta al siglo XVIII, cuando los infantes de las clases altas utilizaban estos colores de forma diferente, pues el rosa incluso se consideraba muy masculino.
En los catálogos de la época el color rosa era utilizado para niños pequeños, ya que en aquel entonces se le relacionaba con el color primario rojo afín con la pasión y la agresividad, la decisión y la fuerza.
Esto se demuestra dentro de textos como el artículo titulado Rosa o azul, publicado en la revista de especialidad “The Infants´ Department” en 1918, explica que la regla aceptada para la época era el rosa para niños y el azul para las niñas.
La feminización del color rosa comienza en Estados Unidos durante la década de 1890 y principios del siglo XX, cuando los fabricantes comienzan a determinar códigos de colores para infantes y bebés y muchos no estaban de acuerdo con la asignación existente.
Lo que le dio la vuelta a la tendencia practicada fue la adquisición de dos pinturas por parte del millonario estadounidense Henry Huntington una de las obras se titulaba “The Blue Boy” y mostraba un niño vestido de azul y “Pinkie” que retrataba una niña vestida de rosa.
Dicha compra fue altamente publicitada por la prensa, construyendo la idea social de que, durante siglos, el azul había sido para niños y el rosa para niñas.
Otro hito para la concepción que se tiene del color tuvo lugar cuando en 2007, los miembros del Canadian Centre for Gender and Sexual Diversity, promovieron el Día Internacional del Rosa teniendo como objetivo que los colores dejen de verse como una identidad de género.
Teniendo como raíz que los estudiantes David Sheperd y Travis Prince vieron a un estudiante vestido con una camisa color rosa, que estaba siendo acosado.



























