Por: El Psicólogo Carlos

Imagina que decides aprender a tocar la guitarra. Sería muy raro pensar que en tres clases ya estarás tocando un solo de rock o componiendo tu primera canción. Sabes que necesitas practicar, que los dedos se te van a cansar, que probablemente más de una vez querrás abandonar y que la música va a sonar terrible antes de sonar bien (esto es más común de lo que crees).

Nadie se sorprende de que aprender un instrumento requiera tiempo y constancia. Pues bien, de una manera similar, con la terapia pasa lo mismo… solo que a veces esperamos que “funcione” en dos o tres sesiones, como si se tratara de un curso exprés.

Ir a terapia no es magia ni microondas. No se trata de meter tu problema, esperar 45 minutos y salir con la vida resuelta. Iniciar un proceso psicológico implica paciencia, consistencia y, sobre todo, tolerar la frustración de no tener resultados inmediatos.

Por eso quiero contarte —de forma clara, sencilla (y con un poco de humor)— cómo saber cuánto tiempo debería durar un proceso psicológico que realmente funcione.

La respuesta corta es: depende (qué raro). Y no depende de lo que el terapeuta quiera alargar (aunque a veces esa es la sospecha), sino de lo que tú quieras y estés dispuesto a trabajar. No es lo mismo aprender a manejar la ansiedad de hablar en público que replantearte cómo te relacionas con los demás desde hace 20 años. Ambos procesos son valiosos, pero claramente uno tardará más que el otro.

Muchas personas llegan esperando una especie de “paquete de sesiones”: ¿5, 10, 20? Como si se tratara de un tratamiento de antibióticos con fecha de inicio y fin. Sin embargo, la terapia no sigue ese calendario. No es una carrera de velocidad, es más bien una caminata de resistencia.

Y, para ser honestos, es común que los primeros cambios se noten relativamente rápido (como esas primeras semanas en el gimnasio en las que bajas un par de kilos). El verdadero reto es mantener y consolidar esos cambios cuando la motivación inicial desaparece.

También es importante saber que la duración no depende solo de la técnica o del terapeuta, sino de tu propio compromiso. Hacer tareas, probar nuevas formas de actuar, exponerte a situaciones incómodas… todo eso influye en cuánto tiempo necesitarás. Si no lo haces, el proceso se alarga. Así de simple (y de incómodo).

Y aquí viene la parte que más cuesta aceptar: una terapia que funciona de verdad no siempre termina cuando “ya no me siento mal”. A veces sigue un poco más, para que aprendas a sostenerte; para que los cambios no se derrumben con la primera crisis.

Es como aprender a nadar: no basta con flotar una vez. Necesitas repetir, cansarte, tragar un poco de agua y, después de un tiempo, notar que ya no te hundes aunque el mar esté picado.

Lo contradictorio es que, si el proceso funciona, tú mismo te darás cuenta de que ya no necesitas seguir tanto tiempo como pensabas. Aprenderás a resolver por ti mismo, y entonces la terapia dejará de ser un bastón para convertirse en un recuerdo de entrenamiento.

El mejor indicador de que el proceso fue útil no es cuántas sesiones duró, sino que empieces a responder diferente a los problemas de siempre.

Entonces llegamos a la pregunta del millón: ¿cuánto debería durar un proceso psicológico que realmente funcione?

La respuesta es… el tiempo suficiente para que los cambios se mantengan incluso cuando el terapeuta ya no está. A veces serán unos meses, a veces un año, y en ciertos casos, más (que son los menos, o al menos deberían serlo). La clave no es la cantidad, sino la calidad de lo que vas practicando en ese tiempo.

Empezar terapia no es como tomar un curso exprés de fin de semana. Se parece más a cuando inicias a estudiar un nuevo idioma: puedes repetir frases desde la primera clase, pero hablarlo con fluidez y usarlo en tu vida diaria… toma tiempo, práctica y errores.

Así que, si estás pensando en cuánto tardarás, recuerda que no hay una fecha mágica, pero sí una señal clara: sabrás que funcionó cuando puedas caminar solo, sin depender de tu terapeuta para cada decisión (que ese es el principal objetivo).

Y si ya llevas tiempo en proceso y dudas si “ya deberías terminar”, pregúntate: ¿actúo diferente?, ¿me relaciono distinto?, ¿tengo recursos para enfrentar lo que antes me paralizaba?

Si la respuesta es sí, probablemente ya tienes más de lo que viniste a buscar… o bien, a alguien le está beneficiando que continúes ahí.

Nos vemos la próxima semana. No olvides que la terapia no dura lo que quieres escuchar, dura lo que necesitas practicar. Aunque recuerda: puedo estar equivocado.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here