Por Ángelo Gutiérrez Hernández

Dicen que los gobiernos se miden por lo que construyen. Pero también por lo que destruyen. Y si algo está quedando claro en México, es que Morena ha decidido gobernar contra el medio ambiente y destruir nuestro patrimonio y el de futuras generaciones. Ellos son el peligro para México.

Lo que está ocurriendo en el Golfo de México con el derrame de petróleo no es un accidente. Es una consecuencia directa de la negligencia, del abandono y de la irresponsabilidad del gobierno federal. Así lo han hecho con las selva, los manglares, los cenotes, y todo por construir caprichos.

Ahora son casi mil kilómetros de océano contaminados. Chapopote en más de 50 puntos de la costa. Manglares, arrecifes y zonas pesqueras dañadas en Veracruz y Tabasco, con comunidades enteras afectadas.

Y frente a ese desastre ambiental, ¿qué hace Morena?

Lo mismo de siempre: mentir, culpar a otros y esconder la realidad. Quienes llegaron bajo el cobijo de su no mentir, no robar y no traicionar, están haciendo todo lo contrario. Engañan, roban y traicionan al la gente.

Mienten cuando niegan la magnitud del desastre; traicionan cuando abandonan a las comunidades pesqueras y roban el futuro cuando destruyen los ecosistemas del país.

En el caso del derrame petrolero rimero dijeron que era un “barco fantasma”, luego que eran “emanaciones naturales” y después insinuaron que se trataba de una campaña política.

La verdad es mucho más simple y mucho más grave: el derrame tiene origen en la infraestructura petrolera abandonada de Pemex, porque desde que llegaron a mal gobernar el país todo ha sido un desastre.

Ni un peso ha invertido en mantenimiento y ahora tenemos ductos deteriorados; instalaciones sin mantenimiento y fugas que nadie quiso atender.

Durante años, especialistas, trabajadores y organizaciones ambientales advirtieron que la infraestructura petrolera estaba en condiciones críticas. Pero el gobierno de Morena prefirió gastar miles de millones en proyectos ideológicos antes que en mantenimiento.

Porque para ellos lo importante no es proteger el medio ambiente, sino construir monumentos políticos.

Ahí está el Tren Maya, devastando selvas, perforando cavernas y poniendo en riesgo cenotes milenarios. Ahí está la refinería de Dos Bocas, convertida en un símbolo de improvisación energética.

Ahí están los proyectos turísticos que avanzan sobre ecosistemas frágiles como si fueran terrenos baldíos.

Hoy vemos el resultado. Tenemos un Golfo de México contaminado; pescadores abandonados y miles de familias abandonadas, sin respuesta.

Mientras tanto, el gobierno de Morena guarda silencio o intenta minimizar la tragedia.
Ese es el nivel de abandono y es una factura ambiental que Morena le está cargando al país.

Y lo peor es que esta historia se repite.

Se repite en los ríos contaminados. En las selvas devastadas y en las playas invadidas por hidrocarburos.

Hoy el Golfo de México está pagando el precio de la incompetencia.
La pregunta es sencilla: ¿Cuánto tiempo más vamos a permitir que Morena gobierne destruyendo lo que pertenece a todos?

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