El desgarro del quejío flamenco y el melancólico lamento del arrabal se hicieron uno sobre el escenario del Teatro de la Ciudad, que recibió el talento y la entrega de las compañías Viva Flamenco y Tango Vivo, en un mano a mano que hizo brillar los dos géneros pero también la hermandad de México y Argentina.

Fue un encuentro entre dos mundos que, gracias a la música y el cante flamenco, y a las notas del violín y el bandoneón, dejaron por un momento de ser disímbolos para unirse en una sola pasión, la del Tango Flamenco de sus protagonistas.

Leticia Cosío y Freddy Potenza encabezaron este duelo, donde cerca de una veintena de artistas, entre músicos, bailarines y cantantes se entregaron con solvencia y desenfado a sus respectivas pasiones.

Mientras en las calles todo era caos en torno al recinto de Donceles, pues granaderos cercaban el primer cuadro de la ciudad por el concierto masivo del grupo Caifanes en el Zócalo, en el interior del “Esperanza Iris” se hizo la magia, llegó el duende para cautivar a un público que salió complacido por la entrega de ambas compañías.

También por el paso firme y sensual de las bailarinas de flamenco, que con sus coloridos vestuarios deslumbraron a la concurrencia, tal como lo hizo el garbo de las damas de Potenza, con sus elegantes vestidos en dorado, negro o rojo; dando cuenta de la grandeza de sus culturas, propias y adoptadas, como en el caso del flamenco, que aunque es propio de España tiene sello particular en la compañía mexicana Viva Flamenco!, que fundó y dirige Cosío.

Números solos y grupales engalanaron la noche, siguiendo un guión que aunque se quedó corto respecto a lo que su narrador anunció al inicio de la función, dio continuidad al espectáculo, que saltó del tango y la voz melancólica de Potenza a la energía del taconeo de una Leticia Cosío plena, emotiva y enérgica.

Un par de números de malambo argentino fueron el enlace que unió a ambos géneros y lo hizo hermanarse como al final de la función, cuando temas del dominio público (El día que me quieras, la bien pagaa), fueron interpretados por potenza y el cantaor de Cosío.

En escena apenas se vislumbró la historia de amor y la rivalidad entre bandas, porque más que rivalidad sobresalió la complementariedad, la de dos pasiones y un mundo infinito de posibilidades alcanzables gracias al arte y a la permanente mezcla de culturas.

De España a México llegó el flamenco; de Argentina el tango, y en la capital mexicana se hizo el “Tango Flamenco”, ideado por el productor y director escénico Edgar Fernando Cruz, quien ubicó el relato en los años 50, por un lado en San Telmo, Buenos Aires; por el otro, en Plaza de Doña Elvira, en Sevilla.

Tanto Cosío como Potenza salieron complacidos con la respuesta del público y en breve esperan poder llevar de gira este espectáculo que hecho con la pasión que caracteriza a ambos géneros, más allá de la explosión de alegría, dolor o melancolía que expresen cada uno.