Hace una semana, las salas de urgencias y los pabellones de terapia intensiva de España e Italia estaban desbordados con enfermos de coronavirus aturdidos y tosiendo, y el sonido de los respiradores dominaba el ambiente.

Murieron tantos que los crematorios de Barcelona tienen una lista de espera de hasta dos años, por lo que algunas personas se vieron obligadas a enterrar temporalmente a sus seres queridos en cementerios con la expectativa de exhumarlos posteriormente para que sean cremados.

Pero ahora los dos países, que han padecido más fallecimientos por el virus que cualquier otra nación de Europa, están empezando a ver que la crisis les da un respiro, mientras que Gran Bretaña, donde el primer ministro Boris Johnson ingresó a terapia intensiva el lunes, parece dirigirse en la dirección opuesta.

Entre ambas, Italia y España han reportado casi 30.000 muertes y 265.000 infecciones confirmadas en la pandemia. Ellas, y otros países europeos que ordenaron un confinamiento generalizado hace semanas e incrementaron las pruebas de detección del virus, están ahora viendo los beneficios de esas medidas.

El primer ministro Giuseppe Conte les prometió el lunes a los italianos que pronto “cosecharán el fruto de estos sacrificios” para combatir el coronavirus.

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