Este año, el ejército de China realizó el lanzamiento de un cohete al espacio que dio la vuelta al planeta antes de apresurarse a su objetivo. Sin embargo, lo que se supo es que se hizo la prueba de un nuevo misil hipersónico con capacidad nuclear. Ante tal información, políticos y analistas de Estados Unidos se inquietaron por el supuesto progreso en dicho aspecto de Pekín, pero China aclaró que se trataba de la prueba de una nave espacial reutilizable.

Aun así, algunos funcionarios estadounidenses “confirmaron” la historia, por lo que Jeffrey Lewis, director del Programa de No Proliferación de Asia Oriental del Instituto Middlebury de Estudios Internacionales en Monterey, California, calificó a la refutación de China como «un acto de ocultamiento», ya que la supuesta prueba del sistema de bombardeo orbital es «técnicamente plausible y estratégicamente razonable para Pekín».

Según Lewis, «Pekín teme que Estados Unidos utilice una combinación de fuerzas nucleares modernizadas y defensas antimisiles para eliminar su potencial nuclear», porque Estados Unidos podría contener la cantidad de armas de China, porque en comparación, su arsenal todavía es más pequeño que el estadounidense.

El problema radica en que todos los países que son actores nucleares están desarrollando sistemas hipersónicos, pero de forma distinta, y de ahí surge la “paranoia” entre ellos, que impulsa el desarrollo de la carrera armamentista.

Así, el miedo y el sentimiento de vulnerabilidad de los países los lleva a ejercer “decisiones desastrosas de política exterior”, que resultan en menos seguridad para todas y todos. En lugar de entablar el diálogo para que “el desarrollo de capacidades nucleares y de misiles cada vez más avanzadas” deje de verse como una forma de ganarse ese respeto y hacer concesiones, ya que esto “disuadiría a cada uno de buscar medios costosos, complicados y peligrosos para lanzar armas nucleares», señala Lewis.