En México, más de 133 mil personas permanecen oficialmente desaparecidas, según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas. Este fenómeno afecta a miles de familias y ha dado lugar a colectivos de búsqueda que, históricamente, han estado liderados por mujeres. Sin embargo, también existen padres, hermanos, hijos y abuelos que se involucran en esta labor.
El informe Impactos psicosociales y labores de cuidados en hombres buscadores, elaborado por la organización Fundar, revela que los hombres enfrentan estigmas y mandatos sociales que los obligan a aparentar fortaleza y a silenciar su dolor. La investigación busca responder a la pregunta: ¿por qué los hombres son minoría en las tareas de búsqueda?
Durante décadas, los roles tradicionales en México han asignado a los hombres el papel de proveedores y a las mujeres el de cuidadoras. Esta dinámica se traslada a la búsqueda, considerada una extensión del cuidado. Además, la mayoría de las víctimas de desaparición son varones, lo que deja a las mujeres con la responsabilidad de sostener el hogar y encabezar la búsqueda.
Los testimonios recogidos por Fundar muestran que muchos hombres evitan involucrarse directamente por miedo a enfrentar la posibilidad de encontrar sin vida a sus hijos. Se les atribuye la obligación de ser fuertes y proveedores, mientras que las mujeres son vistas como más sensibles y capaces de resistir el dolor.
La búsqueda implica gastos constantes en traslados, herramientas y servicios médicos. Algunos hombres han perdido su empleo o han tenido que recurrir a préstamos. Además, en ciertos casos asumen labores de cuidado dentro del hogar, convirtiéndose en pilares emocionales y materiales para sus familias.
Los hombres buscadores también enfrentan amenazas, desplazamiento forzado e incluso asesinatos. Pese a ello, los colectivos encuentran en la acción colectiva y el apoyo mutuo una forma de resistir. La memoria de quienes han partido y la solidaridad entre compañeros son claves para sobrellevar el dolor.
El informe concluye que la experiencia de los hombres buscadores sigue siendo invisibilizada y requiere atención urgente. Se propone construir políticas públicas que reconozcan a quienes buscan como sujetos políticos y emocionales, y que garanticen sistemas de cuidado más justos y sostenibles.
















