Los grandes en las letras han tenido el acierto de encontrar el método adecuado para llegar a su público lector, con el tiempo se distinguen por el estilo personal, algunos cultivan la fantasía, segundos son realistas, los terceros conservar la seriedad requerida al tema de estudio, otros son irónicos, en tanto que unos cuantos lo hacen a través del humor. Estos estilos de trasmitir información recabada en forma previa son para deleitar a leyente, o bien, compartir conocimiento digno a ser socializada con el fin de contribuir de alguna manera participar en la amplia amalgama de situaciones de la vida social.
Eduardo Humberto del Río García, conocido en la literatura por el seudónimo “Rius”. Rius es uno de los connotados prosistas que dejan huella en las letras por su estilo cáustico de trasmitir sucesos de diversa índole, para él, la forma adecuada es a través del humorismo, en sus palabras: “El humorismo es una rama de la filosofía que hace reír. Y es la única rama de la filosofía que hace reír mientras pensamos que pensamos”.
En una de las tantas entrevistas realizadas por comunicadores y analistas políticos, él comentó que el humorismo es un campo arrinconada por la filosofía: “Los grandes filósofos son muy serios; a veces cuesta trabajo entender todo lo que exponen o dicen. En cambio, el humor es lo que hace reír a la gente, y eso les da mucha envidia a los filósofos, similar a lo que ocurre con los pintores hacia los caricaturistas”. La filosofía fue uno de los saberes en que aportó sus conocimientos y la compartió a sus lectores es con el título de la obra: Filosofía para principiantes, obra agradable y fácil de entender.
El estilo de Rius permitió a ser ameno para analizar pasajes de la historia nacional e internacional, aportó sus inquietudes referentes a las situaciones de la administración pública, contribuyó a examinar los sucesos económicos, escribió temas ecológicos, tramas de la nutrición y de las creencias ideológicas. La forma punzante de abordar los temas plasmadas en libros y revistas se ganó animadversión de ciertos grupos, políticos, económicos y practicantes de credos.
La gracia, el realismo, escepticismo, fueron los atributos de este personaje de la literatura, sin embargo, fue catalogado por ser pesimista por no compartir la idea de ver de forma fantasiosa la realidad nacional y mundial. De allí que el mismo haya dicho: “los humoristas tenemos fama de ser muy pesimistas, porque nuestro trabajo no se basa en la ilusión ni en la esperanza, sino en la realidad, y ésta es muy cabrona, dura. Nos nutrimos de eso, no de una cosa abstracta, sino de lo que está ocurriendo; la vida es terrible. Además, es una forma de ver la vida. Siempre es mucho más agradable vivirla de buen humor que amargado o estar todo el tiempo renegando”.
La productividad intelectual de Eduardo del Río fue variada, así lo manifiesta en la creación de las revistas: Los supermachos, Los agachados, La garrapata, El Chahuistle, El Chamuco y los hijos del averno, la gallina, Maraca Diablos. En sus 62 años de escritor y comunicador se distinguió por la caricatura, iniciada hace 62 años, la calidad de su ingenio le permitió colaborar en medios de comunicación impresa de mucho prestigio. Entre estos, El universal, Ovaciones, La prensa, La Jornada y la Revista Semanal, Siempre y Proceso.
Algunos de los libros de su autoría son complicados por las imaginaciones no acostumbrados a los términos, sin embargo, con lenguaje sencillo, entendible y grato invita a seguir investigando por cuenta propia, como lo es “Marx para principiantes”, Cuba para Principiantes, Rius para principiantes y otros dirigido para los adolescentes fue motivo de ser galardonado por la UNICEF.
El centenar de libros publicados, más los dos títulos terminados y en prensa no fue posible de otorgarle más preseas debido al compromiso autoimpuesto de fomentar las lecturas entre los niños, adolescentes y adultos no fue suficiente para ser coronados con más reconocimientos por haber fomentado y animado a la lectura, muy buena falta hace para que México sea un país de lectores.
Quede este texto como un reconocimiento a su contribución a la educación y democratización del país desde mediados del siglo pasado hasta la fecha.





















