El ex aspirante a la presidencia de México por el PRI, Miguel Osorio Chong deja la Secretaría de Gobernación y se perfila como candidato al Senado por el estado de Hidalgo. Ese enroque tendrá un profundo impacto en la política local.
No sólo marca el regreso a casa – aunque siempre estuvo presente de algún modo – del político más encumbrado de la administración del presidente Peña Nieto; también implica un reacomodo de piezas para seguir vigente desde el ámbito legislativo, en la política nacional.
Sin embargo, ¿qué tanto poder tiene Osorio ahora que está fuera de la Secretaría de Gobernación? La respuesta es clara. Tanto en el estado de Hidalgo como en el país, todavía mantiene una amplia influencia sobre los principales temas de la agenda nacional.
Por tanto, su regreso al estado de Hidalgo como candidato al Senado tiene varios significados. De entrada, es casi seguro que realizará una campaña sin precedentes. A Osorio le importan mucho su capital político. Y en ese particular, estará dispuesto no sólo a ganar por un amplio margen, sino que pretenderá dejar claro que es un personaje clave del priísmo nacional.
Es decir, tratará de mandar un mensaje a sus adversarios sobre dos cosas. La primera es que cuenta con una base política que ha construido en años y que le permite operar con holgura en todo el territorio nacional. Lo anterior, si se cumple el postulado de presidir el Senado en la próxima legislatura. Además, y este mensaje tiene dedicatoria especial, demostrará que cuenta con una base electoral que hubiera sido capaz de competir por la presidencia de México.
Ya pasada esa prueba, Osorio utilizará toda su influencia para que el Senado pueda llamar a cuentas a sus adversarios y, de esta manera, cobrar cierta venganza. Es muy probable, según las encuestas que se tienen hasta el momento, que el candidato Meade no logre el triunfo en las elecciones. Si eso ocurre, Osorio tendrá la dulce oportunidad de restregarle en la cara a la cúpula de su partido la mala decisión que tomaron al darle la candidatura presidencial a un ex panista. Y no sólo eso, es probable que muchos asuntos relacionados con la corrupción de la cúpula priísta puedan ventilarse en la opinión pública. De este modo y, sin tener un jefe político que lo impida, Osorio podría convertirse en una pieza clave por la información que tiene sobre varios asuntos.
Por tanto, Osorio en este momento se encuentra “deshojando la margarita” y haciendo sus apuestas políticas desde distintos frentes. Cabe destacar, para reforzar el escenario antes planteado, que el partido político que obedece a sus intereses (PES) se encuentra coaligado con el favorito en las encuestas para ser presidente de México, Andrés Manuel López Obrador. De esta manera, el ex gobernador de Hidalgo, mantiene un nexo con aquella coalición (directa o indirectamente).
Valdría la pena analizar, en la descripción de estos escenarios, qué papel jugará el gobernador del Estado de Hidalgo, Omar Fayad Meneses, quien tendría dos posibilidades. Aliarse a los intereses de Osorio y ceder parte de su poder e influencia en el estado. O bien, marcar distancia del ex secretario de la SEGOB y asumir su rol de gobernador que no acepta ni presiones ni amagues de parte de nadie.
Lo que queda claro, al final del día, es que este año 2018 traerá como consecuencia una reconfiguración del poder político a nivel local y nacional. Los actores principales, por tanto, estarán muy atentos de todos los acomodos y reajustes para no perder sus cotos de poder, sus privilegios y su influencia.
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